EL
VALOR DE LAS PEQUEÑAS COSAS
Suite Habana
Por:Azucena
Plasencia
Quien haya
seguido la obra, de eminente carácter nacional, y por ende,
universal, del cineasta cubano Fernando Pérez, hallará
en Suite Habana, su más reciente filme, tres o cuatro verdades
posibles y algunas preguntas sin respuesta. Fernándo Pérez,
director de Suite Habana, su más reciente filme. Para el
director, que signó con Madagascar un cualitativo cambio
estético en la cinematografía insular en los tempranos
90, la claridad, concisión y coherencia lograda en esos
planos sin diálogo de Suite Habana, donde con dignidad
y pudor se devela el ser cubano, aquí y ahora, alcanza
cimas memorables.
Filmada en vídeo digital y transferida luego a 35mm, con
fotografía del maestro Pérez Ureta; música
y banda sonora de Edesio Alejandro, que entrega obra espléndida,
de refinada elaboración, el filme fue calificado de inclasificable
por críticos norteamericanos presentes en el I Festival
Internacional de Cine Pobre, integrantes del Comité de
Selección a los Globos de Oro, preludio o antesala de los
Oscares. ¿Documental? ¿Ficción? ¿Poesía?
Suite Habana entra en ese espacio casi límbico de las obras
maestras con un discurso vital y armónico, sostenido a
ritmo de "parte el alma", en juego de sombras y luces
de una fotografía sórdida en ocasiones y cómplice
las más, del entorno asediado.
Si a Pérez
Ureta se le hiciera indispensable, necesario el aval de la perfección
conceptual y técnica, lo tiene aquí sobrado. Sin
vacíos de interés, la atmósfera íntima
expuesta por una cámara que mira a los ojos del espectador
en la percepción de historias tan diferentes, unidas por
el entorno: La Habana, la ciudad más cinematográfica
del mundo.
Acierta en sutilezas la organicidad del discurso visual y sonoro
en asociaciones que hacen más compleja la realidad, lo
cotidiano del día a día: crepúsculos en el
Malecón, el agua, en toda su riqueza o maldición
-mar, lluvia, cubo de frescura en el baño miserable-, los
barcos que llegan o se van, en tintes grises, melancólicos.
¿Qué Habana filmar? "Hay muchas Habanas, depende
de las circunstancias con que tú la vivas", nos dice
el director, quien por vez primera trabaja sin guión, en
historias de habaneros que fue armando luego en edición.
"Nos fue saliendo una Habana muy concreta, popular..."
"Es un documental, porque trata de personajes reales, nada
se cambió: esas son sus casas, su vestuario, pero yo hago
puestas en escena de estas vidas y ellos, testimoniantes, se prestan
a reconstruir y fabular, ante cámara, algo tan normal."
Ocho personas, cada cual un mundo de esperanzas, decepciones,
ímpetus y conformismos: Amanda, el médico payaso,
el travesti, el ferroviario que toca el saxofón; Francisquito,
el niño amado, inolvidable junto a sus abuelos y padre,
historia de ternuras.
Obra de cámara, de estados de ánimo, sentimientos
y sensaciones, La Habana que nos muestra Fernando, tan real y
nuestra, que de tan acunados, acostumbrados y amansados a ella
no tiene cabida la extrañeza, todo lo contrario, pues no
se juega aquí con el distanciamiento, sino con el ensimismamiento
en un trasfondo que bulle de incertidumbre, en ejercicio anonadante.
Ofrecer un dónde, un sustento a las solicitaciones de la
memoria colectiva e individual de la ciudad en las cosas invisibles
y sólidas que rodean a estos personajes: el hogar, la ocupación;
el nombre es solo una argucia, un resquicio para atisbar el desconcertante
vacío de vidas truncas o no realizadas -el saxofonista,
el travesti, Amanda...
Usurpar destinos, vivir la vida de otros, es tan intrínseco
al cine como a la literatura, audacia de artistas. El lírico
vigor con que Fernando Pérez y la cámara bendita
de Pérez Ureta -ese ojo que nos ve- aproximan la penumbra,
la oscura desesperanza en planos, primeros planos, planos secuencias
de gran plasticidad para significar la soledad de afuera y el
viviente enigma de adentro, encuentra en el absurdo de lo cotidiano
habanero, verdad escueta que para muchos espectadores "solo
alcanza el l0 por ciento de la realidad misma". Un sueño
detrás, otro delante y en el medio el punto que es donde
está uno. La ciudad y la gente se muestran iridiscentes
en la sobrevivencia, en el sobreponerse, se revelan entrañables.
Es de admirar en el autor de Suite Habana el criterio de síntesis,
las virtudes de coherencia y organicidad que deviene suerte de
ars poetica de su creación, ese "aprehender la esencia".
Fábula de asociaciones, mundos superpuestos, la peculiar
belleza, audacia intelectual y honestidad espiritual con que el
cineasta experimenta en los límites de las estructuras
dramáticas para armar su insólito testimonio-ficción
(los personajes y sus circunstancias), no tiene parangón
en la historia de nuestra cinematografía.
Cine comprometido, cine no complaciente, filme que no concluye,
sino que continúa en la experiencia del espectador-"hay
que vivir, por encima de todo, trabajar y vivir", Suite Habana
es para verla más de una vez.
Bohemia, La Habana, 23 de julio de 2003