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50 años…cinco décadas…la “media rueda”
Lo bueno que tiene esto
¿De dónde son los cineastas?
El trayecto de una flecha: cine documental cubano
¿Cine de mujeres? Apuntes necesarios
No todo lo que parece, es
Las Cámaras de la Diversidad. Audiovisual Indígena y Comunitario
8va. Muestra de Nuevos Realizadores 8va.Muestra de Nuevos Realizadores  

 

8va. Muestra de Nuevos Realizadores
del 24 de febrero al 1 de marzo de 2009
Dedicada a
Medio Siglo de Cine Cubano en la Revolución

 

  MEMORIA
50 años…cinco décadas…la “media rueda”


Por Daniel Díaz Torres
Director de cine

50 años… cinco décadas… la “media rueda” que para muchos marca la bajamar de la conservadora y, por ello temida, madurez; el equilibrado asentamiento y, más o menos, el preámbulo de la senectud y la declinación de esa dinámica vital que se identifica con la juventud. Ojalá que todo esto no sea más que un mal símil con el cincuentenario de nuestro cine, el producido por el ICAIC. Y que la experiencia – eso que dicen se gana cuando no se obtiene lo que realmente se quiere – y las luces y sombras de esos cientos de filmes, realizados haciendo y acompañando la Revolución, dejen sembrada en el alma, la voluntad y el ánimo de los nuevos realizadores y técnicos esa necesidad trascendente de la continuidad, de recrear un devenir fílmico que emule con los aciertos, creativas contradicciones, grandezas y pequeñeces (que también humanamente las hay y ayudan al mejor relumbre de las cimas…), todo lo cual ha situado al cine cubano - y al ICAIC - como un pilar insoslayable de la cultura cubana.

En este transcurrir de decenios, aparte de estar siempre en el vórtice y centro de las más enriquecedoras polémicas culturales en el pais, el ICAIC ha transitado en maravillosa convivencia por conflictos, obras excepcionales, posibles errores, propuestas y aportes que han ensanchado los horizontes culturales de la nación, su propia proyección internacional, tributo extraordinario a la Revolución que fundó con el ICAIC, precisamente, su primera institución de la cultura. En su compleja y rica existencia cincuentenaria, este organismo, por suerte, a veces controvertido y para algunos hasta “díscolo” en ocasiones, que nunca ha tenido vocación de santidad ortodoxa y sí de ser revolucionario, ha reflejado la naturaleza compleja, contradictoria, tampoco exenta de errores, y por ende, hermosa, de un proceso humano y social sui generis en el continente. Para que siga existiendo como fuerza vital y creadora, por encima del peso de los años, los nuevos cineastas tienen que seguir rescatando lo mejor de su tradición artística, rebelde, innovadora; esa capacidad de conjugar riesgo, audacia y rigor materializada no sólo en un puñado de películas clásicas en el cine latinoamericano, sino, también, en imperecederas contribuciones al acervo cultural de Cuba, a nivel teórico y de actitud ante el arte y la cultura. Este es el gran desafío para los que seguirán haciendo cine en Cuba… para los que lo continuamos haciendo… y para que esos cíclicos vaticinios que cada cierto número de años aparecen y que rezan: “el cine cubano está en crisis”, no sean más que folclóricas manifestaciones del criollo “enemigo rumor”.

 

Lo bueno que tiene esto…


Por Juan Carlos Cremata Malberti
Director de cine
Enero enamorado de 2009

Evocar esos años de las primeras muestras de cine joven convocadas por la Asociación Hermanos Saíz, no es sentirse viejo, ni nada por el estilo. Y mucho menos a la luz de estas, cada vez más necesarias e imprescindibles muestras de jóvenes realizadores de ahora. Es sentir que, de alguna manera, algo de lo que se sembró en ese período, sin que ninguno de nosotros tuviera la vocación de jardinero, pues todos lo que queríamos – y lo que seguimos queriendo – era ser directores de cine; ha germinado hoy, o mejor dicho, se vuelve a plantar de nuevo por estos tiempos, en lo que parece ser una interminable vendimia que espera, ante todo, dejar constancia de los momentos que vivimos, de cómo pensamos o de la imperiosa vocación de los artistas por el cambio. Es hurgar en lo que fuimos y en cómo lo hicimos, para ser en lo adelante y, sobre todo, seguir haciendo. Algunas cosas se han hecho más fáciles, otras siguen siendo tan difíciles como en aquellos días. Afortunadamente, el espíritu sigue siendo el mismo. Quizás, incluso, haya crecido. Parece que mientras más complicada se torna la situación, más urgente se hace la necesidad de seguir produciendo, de seguir creando, de seguir alternando la visión de lo que nos rodea con esa otra imagen menos atada, pero igual de comprometida. Alternatividad que no ha sido entendida nunca como un enfrentamiento político, sino estratégico. Y a la que parece estar eternamente condenada la juventud de espíritu, que no es exclusiva de aquellos que tienen menos edad. Que ha querido ser el encuentro con un otro modelo de producción más cercano a las reales posibilidades de realización y cada vez más alejado de las arcaicas y vetustas mordazas que le impone la industria al arte o a las que condena la industria del arte. Es bocanada de aire fresco en lugar de respiración asistida. Es amor a primera vista y no bodas de plata con la monotonía y más de lo mismo. Libertad de verdad y sin cortapisas.

La resistencia de la margarita al plástico. O la negación del comercio en el alma. En el camino muchos amigos dejaron de serlo. Pero, en cambio, muchas más amistades se forjaron y se consolidaron. Y con ellas creció en todos, el amor y la devoción por hacer, ver y difundir un cine diferente. La mayoría de los materiales, lamentablemente se han perdido. Esto es sólo la punta de un iceberg que ahora por suerte ha vuelto a erigirse. Recordar a Patricio, Jorge Luis, Tania Ceballos, Cecilia y tantos otros, dando carreras por los pasillos del ICAIC, la Fílmica de las FAR, el Movimiento Nacional de Video o el ICR, para abrirle un espacio a lo más nuevo y a lo distinto, es insuflarle aún más ánimos a los que, actualmente, se desviven porque ese lugar ganado permanezca para siempre, es mantener despierta la esperanza y en vilo la imaginación, es fomentar la creatividad que se alza sobre la falta de recursos y que no pide permisos, sino que se impone, reverdece y hasta da flores y/o frutos. Rememorar es volver a vivir, o lo que es mejor, vivir de nuevo. Por eso, lo bueno que tiene esto… es lo bueno que se está poniendo.

 

¿De dónde son los cineastas?


Por Juan Carlos Cremata Malberti
Graduado en la Primera Generación de la
EICTV de San Antonio de los Baños

Por vez primera y como escapado de los irredentos delirios de un señor muy viejo, con barbas en desorden, ilusiones en su punto y unas alas más que enormes - desmesuradamente inmensas - escuchamos boquiabiertos y más que esperanzados, que el lugar de la utopía se había enraizado sobre el reseco lago de un pequeño pueblo, hasta entonces, prácticamente ignorado y que, a partir de ese momento, se convertiría en el lugar más filmado del firmamento; que las niñas recatadas de nuestros ojos y los tímpanos sedientos de nuestros oídos serían sometidos a un proceso riguroso de continuas y descomedidas alquimias y que seríamos bautizados al concluir el enjundioso aprendizaje como cineteleastas o centinelas del futuro de la imagen y el sonido en nuestros maltrechos y saqueados continentes que aún rebosaban cientos de miles de kilómetros y millas de historias e ideas por compartir.

Era el proyecto de una escuela de tres mundos en un universo, que hasta ese momento, se nos había presentado como único e indiscutiblemente indivisible, lo cual no era verdad.

Era la esclusa abierta a un torrente de información y a otras maneras de ver el mismo mundo en el que todos, simplemente y hasta ese momento, edificábamos pensando que nos movíamos en él, lo cual tampoco era cierto y mucho menos responsable.

Y escuchamos, además, que no era ni una cosa ni la otra… sino todo lo contrario.

Y se hizo la luz…

Y nos hablaron de la unidad en la diversidad y de lo diversa que debía ser nuestra unión.

Y nos enseñaron a analizar nuestras realidades con un espíritu hipercrítico, situándonos desde afuera, pero sin dejar de quererlas desde bien adentro.

Y aprendimos que los sueños no bastan con sólo soñarlos; sino que hay que esculpirlos y, sobre todo, contarlos para así contagiar al resto de los semejantes con la idea maravillosa de que un mundo imaginado no sólo es posible, sino urgente y necesario.

Lo que nunca imaginamos es que el término del camino era sólo su verdadero inicio y que el final no llegaría nunca. Porque jamás se agotará la vocación de fantasear del ser humano ni la ilusión tendrá fecha de vencimiento.

 

El trayecto de una flecha: cine documental cubano


Por Jorge Luis Sánchez
Director de cine

Si en la ficción, el ICAIC necesitó ocho años después de creado para conseguir sus primeros grandes filmes, en el documental se van a lograr análogos resultados en menos tiempo. Ese parto feliz lo va a permitir la peculiar dinámica de producción del género y porque con más acierto, el documental va a sintonizar con los irrepetibles y cambiantes acontecimientos que tensan el acontecer social y político en los inaugurales años de la Revolución Cubana.

Luego de 1959, los primeros documentales se realizan en paralelo con el empeño de los directores y demás cineastas, que es el de fundar y organizar la virginal industria de cine. En medio de un contexto de incesante dinámica, la generación de directores emergentes por estos años, trabaja y se entrena en los espacios disponibles que ha diseñado la dirección del ICAIC para prepararlos en la ficción, por lo que el documental es visto con un perfil formativo.

No obstante, en la búsqueda de una nueva estética cinematográfica afincada en lo cubano, el documental se anticipará a la ficción. Antes de Manuela (1966), de Humberto Solás, ya existía un grupo suficiente de documentales, sin antecedentes entre nosotros, en los que cristaliza y, a la vez, se rompe un algo que ya puede definirse. Algunos le llamarán Escuela. Prefiero nombrarlo como Movimiento cubano de cine documental.

Ese movimiento se va a fundar a partir de la asimilación y la mezcla de un segmento importante de casi todas las corrientes contemporáneas que valen en materia de cine. Otra premisa lo será el intenso movimiento de pensamiento, algo así como un permanente ir y venir de ideas sobre el arte, el cine, la cultura, el público, el subdesarrollo, América Latina, entre otros asuntos de gran interés.

A esta época se suman los frutos del incalculable dinamismo que comienza a generar el Noticiero ICAIC Latinoamericano, el que llegará a convertirse con los años en un laboratorio-escuela-tren. Algo así como un campo de entrenamiento permanente para consolidar confianza en el dominio, primero del lenguaje del cine documental, luego, su inevitable ruptura.

He aquí el núcleo duro, directores que buscan y se arriesgan para asumir intelectualmente nuevas formas de acercarse a la realidad a través del documental: Alejandro Saderman, Bernabé Hernández, Enrique Pineda, Héctor Veitía, Manuel Herrera, Nicolás Guillén Landrián, Octavio Cortázar, Oscar L. Valdés, Pastor Vega, Raúl Molina, Rogelio París, Santiago Álvarez y Sara Gómez, todos bajo el reino divino, casi absoluto, del celuloide en blanco y negro. Manto cromático a través del que se dará a conocer uno de los segmentos más iluminados en el documental cubano de todos los tiempos que, ninguno de ellos, definió ni caracterizó: el movimiento cubano de cine documental.

A los más conocidos como Now (1965), de Santiago Álvarez; Vaqueros del Cauto (1965), Oscar Luis Valdés; Ociel del Toa (1965), Nicolás Guillén Landrián; Cerro Pelado (1966), Santiago Álvarez y Por primera vez (1967), Octavio Cortázar, habrá que agregar Nosotros la música (1964), Rogelio París; Superstición (1964), Bernabé Hernández; Los del baile (1965), Nicolás Guillén Landrián; Sobre Luis Gómez (1965), Bernabé Hernández; Los hombres de Renté (1965), Rogelio París; La estructura (1965), Raúl Molina; Guanabacoa: Crónica de mi familia (1966), Sara Gómez; Reportaje (1966), Nicolás Guillén Landrián; La familia de un hombre (1966), Pastor Vega; David (1967), Enrique Pineda Barnet; L.B.J. (1968), Santiago Álvarez; Coffea Arábiga (1968), Nicolás Guillén Landrián; En la otra Isla (1968), Sara Gómez; Una isla para Miguel (1968), Sara Gómez; Hombres de Mal Tiempo (1968), Alejandro Saderman; El Paciente (1968), M-S (1968), Enrique Pineda Barnet; entre otros.

No tengo una visión para nada pesimista sobre lo que aconteció después, y ahora mismo. Aquella ruptura vigorosa, que en forma de vanguardia asombró nacional e internacionalmente, y que se produjo entre 1964 y 1973, no se sostendrá eternamente. Fluctúa. Comienza a diluirse con la llegada masiva de la época del color y nuevas generaciones.

Desde finales de los ochenta, se suman nuevas miradas, que relanzan el género para legitimar que el movimiento continúa. Hasta hoy. Con el matiz de que ya no se podrá hablar de éste únicamente por lo producido documentalmente desde el ICAIC. Aquella ruptura vigorosa vive. Es cuestión de descubrir dónde y cómo.

 

¿Cine de mujeres? Apuntes necesarios


Por Danae C. Diéguez

En un diálogo entre Oscar y Lina, en el filme Hasta cierto punto (1983), de Tomás Gutiérrez Alea, mientras él le comenta sobre lo que hacen y por qué necesita entrevistarla y utilizarla como modelo para uno de sus personajes en la película que intenta filmar; ella le pregunta la razón por la que tiene que ser el puerto el espacio para hablar del machismo. Oscar le asegura que es uno de los lugares donde más se hace evidente. Lina le responde: ¿por qué no hay ninguna compañera trabajando con ustedes? ¿Ellas no pueden hacer ese trabajo? ¿Y más tratándose de una película sobre el machismo, no?

El cine ha sido un espacio fundamentalmente masculino, las mujeres realizadoras han carecido de las mismas oportunidades que sus colegas hombres para realizar sus proyectos cinematográficos. La clave estaría en las posibilidades de acceder a la realización en condiciones de equidad para, desde esa igualdad de oportunidades, elaborar el proyecto, presentarlo y concretarlo.

Cuando intentamos cartografiar el cine hecho por mujeres en Cuba, siempre es necesario hacer la aclaración entre cine y audiovisual, porque aún cuando algunas realizadoras como Sara Gómez, Marisol Trujillo, Mayra Vilasís y Rebeca Chávez, entre otras, dentro de la industria, en este caso, el ICAIC, como centro legitimador del concepto hacer cine, realizaron sus obras en celuloide, 35 mm; otras, como Belkis Vega y Teresa Ordoqui, las realizaron en centros fuera de la gran industria y filmaron en 35 y 16 mm, en este caso, los Estudios Fílmicos de las FAR y los Estudios Fílmicos de la Televisión, respectivamente. Con la aparición del video, muchas realizadoras emigran hacia ese formato o, sencillamente, inician sus obras allí, pues es el soporte bajo el que pudieron canalizar sus obras. Se convierte el video en una de las tecnologías del género.

En el caso del ICAIC, las que se mantuvieron en la industria desarrollaron su obra, fundamentalmente, dentro del género documental. En el largometraje de ficción, a excepción de Sara Gómez, con su película De cierta manera (1974), no encontraríamos a ninguna mujer en la dirección de un largometraje de ficción hasta la aparición de Mujer transparente (1991), que consta de cinco historias, tres de las cuales están dirigidas por mujeres: Mayra Segura, Mayra Vilasís y Ana Rodríguez.

Hemos, considerado, además, a las realizadoras que surgieron en instituciones alternativas al ICAIC. Es decir, el ICRT(1), los Estudios Fílmicos de la FAR y el cine independiente, con algunas realizadoras que provienen de décadas anteriores y de la nueva hornada. Hemos considerado, además, cómo el cambio de la tecnología “democratizó”, de alguna manera, la posibilidad de dirección. Esta necesaria cartografía va hacia la línea de hacer visible lo invisible, pues debe ser entendida en su dimensión estratégica: “no pretende apuntar a una cualidad intrínseca al hecho de ser mujer que pueda marcar sustancial u ontológicamente la relación con la cultura de los sujetos históricos identificados con el género femenino, sino pretende focalizar la atención hacia los procesos históricos y culturales que han excluido sistemáticamente a las mujeres de la esfera de la producción cultural”(2)

Cuando leemos, desde esa necesaria historización —que nos permitiría, además, presentar un corpus de análisis— podemos encontrar, o no, regularidades temáticas y estilísticas que nos permitan analizar la mirada que han tenido las realizadoras cubanas y cómo han interactuado, desde sus voces, con el llamado canon cinematográfico.

La 8va Muestra de Nuevos Realizadores, dentro del homenaje que realiza a los cincuenta años de cine en la Revolución, ha querido dedicarle un espacio al cine hecho por mujeres; es otra de las maneras para hacer visible un grupo de propuestas que van desde las más experimentadas hasta las más novedosas. Un recorrido que insiste más en ellas, como mujeres detrás de la cámara, que en intentar una representación temática que pueda encontrar regularidades en la propia selección. Como primer paso, valida una intención. Descubre y redescubre nombres, legítima otros, aunque, como muestra representativa, selecciona y, sobre esa base, articula la pregunta: ¿existe un cine de mujeres en Cuba?

NOTAS:

(1) En los Estudios Fílmicos del ICRT, Teresa Ordoqui, dirigió un largometraje de ficción en 16 mm, titulado Te llamarás Inocencia.
(2) Giulia Colaizzi. El acto cinematográfico. Género y texto fílmico. Revista La lectora.

 

No todo lo que parece, es


Por Gustavo Arcos Fernández-Britto
Crítico de cine

¿La escuela de cine del ISA cumple 20 años? Con incredulidad y sorpresa recibieron hace unas semanas esta noticia muchos de mis amigos, gente talentosa y sensible que no sólo pertenecía al medio, sino que, incluso, había tomado sus títulos en la propia institución.

Francamente, no sabía cómo reaccionar ante tal desconocimiento, será, me preguntaba, que, en efecto, veinte años no son nada, o acaso, la invisibilidad de la Facultad de los Medios es tal que la ha convertido en una suerte de espectro ambulante, sin identidad propia, como esos fantasmas que habitan en las casas embrujadas y sobre los cuales se tejen todo tipo de leyendas urbanas.

Recuerdo que la controversia ha acompañado a este centro desde sus inicios, cuando en septiembre del 88, no pocos se cuestionaron la razón de su existencia recordando que el gran cine cubano de los sesenta y setenta se conformó sin ella. Se pensaba entonces que para hacer cine sólo bastaba la práctica y la mejor manera de aprender este oficio era con una cámara en la mano y una idea en la cabeza como gustaba decir el brasileño Glauber Rocha.

El reto estaba lanzado y por más de una década, contra las diatribas y los malos augurios, la casona señorial e inicial de la 5ta Avenida que le servía de sede, recibió cada semana a decenas de ávidos artistas y creadores de los medios, hombres y mujeres con cierta experiencia, necesitados de un título de nivel superior, que complementara o, de alguna forma, legitimara oficialmente lo que ya habían aprendido en un set de filmación o estudio radial.

Para algunos de nuestros dirigentes cinematográficos, la Facultad estaba excesivamente marcada por estéticas o formas de hacer procedentes de la televisión. Era, se decía, un simple Centro de Superación. Para la gente de la televisión, la escuela, sin embargo, tenía demasiado cine en su interior. Para el Ministerio de Educación, las complejidades del sistema de enseñanza artística relacionado con la escuela, recababan una atención especial de los organismos culturales, pero, al mismo tiempo, exigían se cumplimentaran los programas docentes, el plan de estudio y el esquema de enseñanza profesional establecidos a todos por igual en el país.

¿Y el arte y la experimentación o libertad creativa dónde quedaba? A nadie pareció interesarle en el fondo esa cuestión. En fin, que ni unos ni otros lograron ponerse nunca de acuerdo con respecto a su responsabilidad con el centro y así vio éste pasar más de una década, situado en terreno de nadie, dando bandazos entre una y otra tendencias, sorteando todo tipo de obstáculos, voluntades, fórmulas y autoaislamiento, sin apenas recursos ni cambios tecnológicos tan vitales para ella, a la sombra además de la que, increíblemente, para casi todos en el planeta era la única escuela de cine del país, su hermana mayor, la Internacional de San Antonio de los Baños, fundada apenas un año antes con otra estructura y estrategias de formación.

Hoy, el espectro audiovisual cubano tan irregular como fragmentado, es tan diferente al de los ochenta que merece toda la atención de los especialistas y diseñadores de políticas culturales. El mismo no puede pensarse sin la impronta dejada por la Facultad de los Medios de Comunicación Audiovisual. Por ella, han pasado durante dos décadas, miles de creadores y artistas de nuestro cine, radio o televisión. Aún hoy lo hacen. No pocos conforman ya con su obra, el patrimonio cultural de la nación. Con filiales en Camagüey y Holguín, con matrículas abiertas al mejor talento joven de la Isla, con formación profesional en cinco especialidades, la institución debe también alzarse cada día sobre la desidia o el olvido de quienes hacen todo lo posible por sellar lapidariamente su destino.

Esta Muestra que se presenta ahora es sólo una pequeña, pero notable expresión visual de las búsquedas artísticas, conceptuales o estéticas generadas en el ámbito del centro. Valdría acaso recordar entonces, aquella escena de Alicia en el País de las Maravillas cuándo ésta no cejaba en su intento de imaginar cómo se vería la luz de una vela, aún cuando estaba apagada.

 

Las Cámaras de la Diversidad. Audiovisual Indígena y Comunitario


Isabel Viera
Oficial de Programa Comunicación e Información
Oficina Regional de Cultura para América Latina y Caribe de la UNESCO

Leire Fernández
Asistente Especialista de Programa de Cultura
Oficina Regional de Cultura para América Latina y Caribe de la UNESCO

La salvaguarda y protección de las expresiones culturales y del patrimonio cultural inmaterial de comunidades locales, su acceso a los medios de expresión y difusión, así como la promoción del pluralismo en dichos medios se han convertido en temáticas de primer orden en el actual contexto de la globalización. Las adopciones recientes de la Convención del Patrimonio Cultural Inmaterial (2003) y la Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales (2005), lo confirman. Es necesario que la diversidad humana ocupe su lugar en el corazón de las políticas para el desarrollo cultural y la comunicación.

Muchas de las comunidades portadoras de esta diversidad viven aisladas, en comunidades rurales alejadas y en asentamientos urbanos marginados sin acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación y, a menudo, sin la capacitación necesaria para revitalizar sus recursos culturales como factor de diálogo intercultural y de desarrollo humano.

Como parte del plan de acciones derivadas de ambas convenciones, nació el proyecto Las Cámaras de la Diversidad. Audiovisual indígena y comunitario, un programa transversal de los sectores Cultura y Comunicación de la Oficina Regional de la UNESCO, en colaboración con la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, que estimula la formación y profesionalización en materia de comunicación de los miembros de las comunidades marginadas, a fin de que se conviertan en sujetos creadores de su propia palabra e imagen, a la vez que sensibiliza a nivel nacional e internacional sobre la creatividad local y la importancia de la diversidad cultural.

Igualmente, pretende aprovechar las oportunidades que ofrecen estas tecnologías para reforzar el diálogo intercultural entre estas comunidades y otros grupos de población, tanto urbanos como rurales, a la vez que se refuerza su identidad cultural, contribuye a luchar contra los estereotipos y la folclorización cultural, valoriza el patrimonio inmaterial (mitos, tradiciones oral, cantos, modos de vivir, etc.) y la diversidad lingüística. En América Latina y el Caribe se hablan más de 400 lenguas; para promover esta diversidad y su oralidad los productos audiovisuales son medios eficientes y prácticos.

Como ejemplo, en el caso de las comunidades indígenas, el programa, con la colaboración de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), del Centro de Formación y Realización Cinematográfica (CEFREC) y la Coordinadora Audiovisual Indígena Originaria de Bolivia (CAIB), ha apoyado en América Latina a los quechua, aymara, kikanantay, rapa nui y mapuche a través de la capacitación y el entrenamiento en producción audiovisual y televisión comunitaria.

Como principal servicio, la Oficina Regional ha puesto a disposición de los realizadores del audiovisual comunitario o indígena una Red de los realizadores latinoamericanos y caribeños llamada Red – Las Cámaras de la Diversidad. Audiovisual Indígena y Comunitario que tiene como objetivo promover estas obras y dar una voz a los sin voz, a los que sin tener acceso a las grandes producciones, desean expresar la diversidad de sus talentos y culturas. Actualmente, la Red tiene más de 30 títulos de diferentes comunidades que se han presentado en varios festivales de América Latina y el Caribe, América del Norte y Europa, llegando incluso a ser premiados en alguno de estos eventos.

Además de esta iniciativa, posee una página web: http.//www.cinelatinoamericano.org, ubicada dentro del Portal de La Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano que recoge toda la información y servicios que ofrece el proyecto.

Para cualquier información, contactarnos a través de:
Correo electrónico. cine-indigena@unesco.org.cu
Teléfono. (53-7) 833 34 38 - 832 17 87 - 832 28 40 - 832 77 41

 

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