La Habana, tras sus rejas
Por Mayling Alonso Chiong  


Sección Los perros ladranDesde la división silábica del título, se adivina una posible mirada ambivalente.

RE-JAU-LA fue el neologismo que creó Hoari Chiong para hacernos reparar en el creciente fenómeno de autoencarcelamiento que experimenta La Habana.

Una ciudad dominada, hoy, no sólo por las célebres columnas que citara Alejo Carpentier, sino,también, por la explosión de una herrería que se empeña en conquistar el paisaje urbano.

Aún, cuando el realizador discursa sobre la multifuncionalidad de la reja —vista como atributo ornamental de la arquitectura y, a la vez, como jaula, en su concepción primitiva de encerrar, recluir o apresar, no es sólo su intención polemizar en torno a este tema.

¿Cuáles son los móviles que han conducido a la proliferación de las rejas? Parece preguntarse Hoari, mientras nos lanza esa ya arraigada invitación a andar La Habana.

En el recorrido, por supuesto, son múltiples los lugares que se exhiben tras el seguro cobijo del metal: casas particulares y, también, centros institucionales han decidido combinar la moda de las rejas con la necesidad de estar protegidos. Las víctimas se encarcelan y, con este contrasentido, se garantiza la seguridad pública y personal.

La desmesura que caracteriza la idiosincrasia cubana, genera toques de humor que el realizador sabe explotar muy bien a lo largo de la cinta, pero que no menoscaban la profundidad de sus reflexiones.

Tomy, un herrero de La Habana, teoriza sobre el fenómeno de paranoia que se vive en la ciudad, mientras disímiles imágenes ilustran los extremos a los que ha llegado el asunto: desde las verjas de los jardines hasta los bozales metálicos de los perros.

El enrejamiento del parque Maceo, quizás sea el ejemplo más claro. RE-JAU-LA reflexiona, como tantos habaneros lo hacen, en torno a la pertinencia de esta medida, que si bien garantiza la preservación del área, afecta, también, la elemental representación que se tiene de un parque como espacio abierto.

En este punto, comienza a darse un desplazamiento de concepto y la jaula gana en protagonismo. Quizás, el realizador apeló al sentido más literal al abordar a los jauleros de La Habana entorno a la adaptación de las aves que viven en cautiverio. Una clara metáfora que el espectador puede decodificar en el contexto del documental, pero que, por clara, se hace demasiado evidente.

Con aciertos y desaciertos, RE-JAU-LA es una propuesta diferente, fresca, aunque no del todo atrevida. Hoari nos sugiere una mirada atenta, en busca de historias que no por cotidianas dejan de ser auténticas.

Otra vez, dinamiza el relato en el proceso de edición, en el que por otros trabajos suyos (Flamenco en La Habana) podemos inferir cierta predilección por las divisiones de la pantalla y la multiplicidad de acciones en un mismo plano. Sin embargo, no podría hablarse de una intención en experimentar. Su trabajo posee una acertada fotografía, la estructuración lógica del guión y una concepción equilibrada de todos los elementos formales del lenguaje audiovisual. Esta nueva obra de Hoari Chiong demuestra que ya está listo para enfrentar nuevos retos y, sobre todo, para correr mayores riesgos.