Existen muchos modos de lograr un estilo propio cuando de materiales
audiovisuales se trata: la manera de trabajar con la fotografía,
la dirección de actores, los temas que se seleccionan
o los modos de acercarse a ellos. Los directores suelen escoger
algunos de estos campos para marcar su propio sello y experimentar
o no con el resto de las variantes.
Pero lograr un estilo propio, no es asunto fácil, se
necesita talento y trabajo para obtenerlo. Hay quienes pasan
toda su vida intentándolo y no consiguen nunca hacer
nada especialmente diferente. Otros, por el contrario, tienen
un tono tan suyo, que les basta con incursionar en el mundo
de la realización para hacerse de su propia marca. Entre
éstos últimos, a mi juicio, está Arturo
Infante, joven realizador cubano que presenta este año
en la Muestra de nuevos realizadores, Flash Forward,
una especulación sobre el futuro.
Flash Forward cuenta la historia de una supuesta Cuba
en el año 2026, una Cuba con nieve y asaltada por la
civilización. Esta ficción usa como base
imágenes reales de la ciudad de Bruselas y se tropicaliza
a partir de imágenes digitales y el uso del efecto noticiero
(cintillos con carteles en la pantalla). Sin embargo, no es
ese modo de representación, relativamente novedoso para
el audiovisual cubano, lo único que le da valor al trabajo;
lo más destacable, en mi opinión, es el humor
delirante del cual hace gala Arturo, el mismo fino humor presente
en Utopía y, en menor medida, en El Intruso.
De este realizador podría decirse, sin lugar a dudas,
que posee el don de reflejar los desfases de la realidad circundante,
de .mirar
siempre más lejos y tiene la capacidad de caminar sin
caerse en la delicada cuerda que une la sátira, la parodia
y la perfecta ironía.
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Por esa razón, los
trabajos de Arturo son, en amplia medida, polisémicos
y escurridizos. Flash Forward es un ejemplo de ello:
abierto a tantas lecturas como el espectador pretenda darle
en dependencia de su intención, juega con nuestros referentes
culturales para lograr que, aún en esa ciudad con metros,
despampanantes centros comerciales y sex-shops, cualquier cubano
pueda reconocerse. Fechas significativas, nombres de lugares
y símbolos nacionales, se mezclan y resemantizan en una
travesura cinematográfica que a algunos podría
parecer alocada.
Sin embargo, detrás de
esa aparente frivolidad de especular sobre nuestro futuro no
tan cercano, se encuentran cuestionamientos muy serios sobre
lo que realmente somos y hacia dónde vamos; cuestionamientos,
a primera vista, inabarcables en un material de apenas catorce
minutos, pero, realmente, escondidos tras esa máscara
de divertimento usada para disfrazar el resorte de sus disquisiciones.
Sin grandes y conmovedores discursos o retóricas vacías,
Arturo se contenta con darnos pistas, guiños, mucho más
efectivos que cualquier debate político o filosófico.
La insinuación es el atractivo arte del sobrentendido.
Y Flash Forward es una insinuante valoración
personal, para algunos, alentadora y para otros, terrorífica,
de lo que podría pasar en Cuba, el año que nieve.
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