Visión de rutina 
Por Salvador Salazar

Sección Los perros ladranGustavo Pérez Fernández no se puede incluir en la nómina de novísimos creadores que asisten cada año a las Muestras de Nuevos Realizadores.

Este camagüeyano, nacido en 1962, además de poeta, director de televisión y fotógrafo, fue uno de los fundadores del festival nacional “El almacén de la Imagen”. Su labor como documentalista y realizador de vídeo clips, ha sido reconocida en importantes festivales y concursos del país entre los que se encuentran el Premio Caracol de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba por los documentales “El viaje” (1996) y “La tejedora: su extensa realidad” (2001). Este último concursó en la edición XXIV del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.

Gustavo Pérez ha participado en las dos Muestras anteriores con sus documentales “Caidije...La extensa realidad”, “Vidas retiradas...o tacones lejanos” y “La tejedora...”.

Este año se proyectará otro de sus documentales, “Sola: la extensa realidad”, producido por la televisión camagüeyana. La obra, de seis minutos de duración, recoge imágenes de una escuela abandonada en Nuevitas, Camagüey.

“Sola” es, a grosso modo, la visión subjetivista de una realidad ineludible: una escuela en el campo que ha quedado vacía. Una excelente fotografía a cargo de Wilfredo Pérez junto a sonidos reales propios de un plantel educativo nos activa nuestro banco de sensaciones, y nos hacen evocar un sentimiento nostálgico ante la ruina.

Porque cada civilización deja sus despojos, signos de pasada grandeza, fin de un determinado ciclo histórico, escasez pasajera. Sin embargo, en las piedras, en los muros de cal y canto, de adobe y también del hormigón de hoy en día, quedan impregnados los sonidos del pasado, las voces, las risas, los murmullos, el vivir de aquellos que ya no están, que dejan de existir en un momento determinado.

“Sola” nos deja una sensación de vacío. Es un documental perfectamente engarzado, que sabe hasta dónde puede llegar y lo consigue. Gustavo Pérez supo hacerse acompañar de la cámara y nos deja un sinnúmero de códigos que apelan a nuestras competencias textuales en busca de múltiples lecturas.

Una ruina es, ante todo, un símbolo. Podría hablarse hasta de un cambio de valor de uso tras la decadencia. La ruina evoca, sugiere, promete, constituye de por sí el Mito, con mayúscula, el umbral desconocido. Tal vez sea por eso que la gente ha ido grabando sus nombres, sus recuerdos, su simbología incomprensible en los territorios que ya nadie custodia. Y quedan, por supuesto, los viejos lemas, las viejas pinturas en las viejas aulas, los dormitorios y los sueños del becado, las escaleras sin escalones, los pisos que ya nadie pisa y el silencio, cómplice y actor del nuevo milagro, de la escuela fantasma en el campo camagüeyano.

”Sola” es una promesa, un regalo de buen cine evocador, arte polisémico que expande las fronteras de la temática abordada. Sin lugar a dudas uno de los mejores trabajos que trae este año la Muestra.