Pedro, pescador de hombres
Por Salvador Salazar Navarro
Ilustración de: Hanna G. Chomenko

Sección Los perros ladranCuenta la Biblia que Pedro Apóstol, una vez muerto Cristo, se va a predicar a Jerusalén, y los judíos — confundidos ante su jerga, avasalladora e insumisa— lo tildaron de borracho, insulto mayor en los días antiguos de Los Evangelios.

Don Pedro de Yao, un documental del joven realizador Víctor Mares, producido por la Escuela Internacional de Cine, Televisión y Video de San Antonio de los Baños, cuenta la historia de un campesino de ochenta años, incomprendido por sus congéneres.

En tan solo diez minutos, Víctor nos traslada a la Sierra Maestra, en el oriente cubano, y nos resume la filosofía del viejo Pedro Gómez Tassé en tres palabras: «Respetar, trabajar y tener vergüenza.»

Ilustración de Hanna G. ChomenkoEvidentemente el conflicto generacional se impone y Pedro lucha contra un mundo cambiante donde el pragmatismo y la «desvergüenza» le dan mucho que hacer.

Como un momento interesante es necesario señalar la forma en que se aborda la relación entre Pedro y su esposa —con la que lleva casado cincuenta y cinco años—y el afecto que se profesan, que no queda expresado en palabras, sino en la propia rudeza de la convivencia, del trato, en la manera de proyectarse ambos en la vida, cosa que el realizador logra captar favorablemente en la cinta.

Don Pedro de Yao es, sin lugar a dudas, un documental interesante, un buen documental, que aborda un tema retomado una y otra vez. Ya desde Por primera vez, de Octavio Cortázar, la vida en los montes cubanos ha logrado cautivarnos por sus particularidades, ajenas al modus vivendi citadino.

Sin embargo, este Pedro de nuestros montes, predicador de otro Evangelio, que da prioridad al trabajo y defiende un modo de vida, que cada vez se encuentra más amenazado por las nuevas corrientes generacionales, bien merecía un homenaje.