Raúl García: ingenierías de un sonidista
(Fragmentos de entrevista realizada por Tania Carvajal,  
publicada en la Revista Cine Cubano)  


Raúl GarcíaEn los primeros largometrajes —Historias de la Revolución, Cuba baila y El joven rebelde— los técnicos de sonido todavía eran del antiguo sindicato de técnicos cinematográficos; yo me estaba formando como un técnico-ICAIC, grabando documentales y ambientes para la post-producción de dichos largometrajes. Uno de los primeros sonidos que grabé fue el ruido de un ascensor para Historias de la Revolución; me acompañaba Manuel Octavio Gómez, quien había sido asistente de dirección en una de las historias. No puedo decir con precisión cómo me convertí en el grabador de Año Nuevo —que es la última historia de Cuba 58— pero se puede suponer que tiene relación con la emigración de los técnicos experimentados del antiguo sindicato, aunque todavía en este trabajo mi auxiliar y el microfonista pertenecían a él.

Todo sucedía muy rápido; se filmaba mucho, a veces, hasta tres documentales con distintos directores sin venir a La Habana. Por ejemplo, en 1962, trabajé en diez documentales y un largometraje; claro, esto era posible porque solamente trabajaba en el rodaje, las mezclas las realizaba una persona en los estudios y era quien tenía el crédito en la pantalla, lo que originó muchos problemas para la filmografía de estos años.

Para llegar a La primera carga al machete de Manuel Octavio Gómez, grabé unos ocho largometrajes y una cantidad incalculable de cortometrajes y noticieros. Este filme fue memorable porque hasta ese momento resultaba más interesante el documental —desde el punto de vista del sonido— con los ambientes y las entrevistas y, en algunas ocasiones, hasta la música grabada en directo, mientras que en los largometrajes todo era doblado y reconstruido.

Recuerdo que la rodamos en 1968, todo quedó en sonido directo y la mezcla fue para mí, realmente, una experiencia inolvidable. Ahí, también, antes del rodaje, realicé mi primera grabación de música en estudio: Pablo Milanés era el trovador que llevaba la historia; fueron mis primeros playbacks, es decir, amplificar una canción grabada antes para que el actor la doblara ante la cámara.

Un día me dan un mensaje de Alfredo Guevara, que dice que hay una película con unos problemitas de sonido, no recuerdo si, en ese momento, me dijeron que se trataba de Glauber Rocha. El problemita era que Glauber ya tenía editada la imagen, pero no había podido sincronizar los diálogos ni en Italia ni en Inglaterra, según me contó el propio Glauber.

Cogí una Nagra con un accesorio que tiene para alterar la velocidad y la situé en el máximo de alargamiento y, aún así, el sonido se quedaba corto; la mitad de la velocidad, que era otra opción resultaba demasiado. Con pocas esperanzas, probé el accesorio de variar velocidad de otra Nagra, pero un modelo más antiguo, supuestamente, no compatible y resultó el milagro: todas las voces bajaron a un registro mucho más grave, pero sincronizaba casi un minuto sin efectuar ajustes. Mi premio fue ver a Glauber dando brincos, solos los dos, a las diez de la noche, en el departamento de sonido; aparte de la alegría de verla sincrónica, le encantaba aquel tono irreal de la voces, me decía: ¡Al fin!.