Puro Teatro
Por Mijail Rodríguez   


Perdona que no te crea, me parece que es teatro...
La Lupe

Sentarse en una sala oscura a mirar, proyectadas en pantalla grande, verdaderas películas del archivo, rayadas o descoloridas, es, para algunos, entre los que me cuento, una experiencia casi mística, que hace, incluso, tolerables a la luz de estos días, imágenes que, en su momento, habrían sido mejor olvidar. Pero ¿en qué quedamos? esta Muestra ¿es de teatro o de cine? Bueno, para seguir con la Lupe, todo es —según tu punto de vista.

En los tiempos en que el cinematógrafo no pasaba de ser un espectáculo de feria, ya el teatro venía reinando por unos cuantos siglos; de modo que, si no fuera un cliché, se podría decir sin pudor: .En el principio, era el teatro.. y no cabrían dudas sobre el interés de enfocar en éste, el ojo (cinematográfico). Todavía más, si se considera la valiosa herencia que el arte teatral ha dejado al cinematográfico, no ya sus edificios en muchos casos, sino el largo catálogo dramatúrgico, que junto a la literatura, ha servido de fuente fabulosa de tantas películas, que sería curioso preguntarse qué título teatral de puntería no ha sido adaptado al cine en todos sus géneros y manifestaciones. Otro tanto en cuestiones de forma. Los muchos años de experiencias y búsquedas en la representación teatral han contribuido, no poco, a la hora de la adaptación cinematográfica.

Esta transmutación ha ocurrido con mejor o peor suerte, respetando, más o menos, los códigos teatrales; ha optado por una especie de traducción de los códigos cinematográficos, conservando la fábula y aprovechando los recursos del cine para una relectura o proyección de las obras teatrales que, definitivamente, las redimensiona.

 

En cualquier caso, sin inclinarse por una u otra opción, que para todo hay tiempo y espacio en este mundo, esta pequeña ojeada, intenta acercarnos a un .teatro puro., es decir, a cómo el cine mira el teatro en su expresión más propia. De esta manera, renunciamos a una extensa lista de títulos de obras, adaptadas al cine, para centrarnos en el hecho teatral en sí, ya sea, el registro total o parcial de la puesta en escena, el proceso de montaje o el fenómeno alrededor de un espectáculo, el testimonio de su paso. Burlar un tanto, lo que, sin embargo, es esencia teatral, el carácter efímero, único y exclusivo de la representación en vivo.

La otra coordenada es Cuba, donde la fundación del ICAIC, en marzo de 1959, abrió nuevas perspectivas al cine nacional. El impulso sin precedentes del documental aportó series didácticas como la temprana Enciclopedia Popular, con su colección Teatros de La Habana, dirigida por Enrique Pineda Barnet, quién, también, filmó ballet y se ha mantenido, desde siempre, muy ligado al teatro. Esta serie se proponía recoger en imágenes los muchos montajes de una época de rica actividad teatral. Lamentablemente, no se continuó y, con ello, se perdió el registro de una etapa importan- tísima de nuestro teatro y de la memoria cultural de nuestro país. Por suerte, hoy, podemos ver algo de la legendaria puesta en escena, que estrenó Aire Frío de Virgilio Piñera con Verónica Lynn, en el personaje de Luz Marina o el montaje de Fuenteovejuna por Teatro Estudio con Raquel y Vicente Revuelta, en un momento substancial de sus carreras.

El Noticiero ICAIC Latinoamericano, con la dirección general de Santiago Álvarez, también, hizo lo suyo. El reflejo de una realidad que era inmediata, hoy es de un valor testimonial inapreciable y delicioso. A través de la historia del Noticiero, con la visión de otros directores como Héctor Veitía, Francisco Puñal y Melchor Casals, se puede tener un rápido panorama de la evolución del teatro, a lo largo de tres décadas. Desde la rica cartelera teatral de los años 60, hasta el fuerte contenido político de los 70, así como el particular esplendor del hoy desaparecido Teatro Musical de La Habana, en los años 80 y el auge de los montajes humorísticos del Conjunto Nacional de Espectáculos que, todavía, conservaban mucho de elaboración teatral. También, la filiación con el movimiento latinoamericanista, con su teatro de creación colectiva y los inicios del Festival de Teatro de La Habana.

Lamentablemente, se queda uno con ganas de ver más, pero no ya por el espacio y el tiempo limitados, nos hubiese gustado tener mucho más material para seleccionar, sin embargo, parece que el cine cubano ha padecido de cierta pereza al acercarse a su .mayor., no para saquear sus fábulas, sino para mostrar el fenómeno teatral en su complejidad.

Por fortuna, hay excepciones como el caso del documental Buendía de Humberto Solás, que muestra al paradigmático grupo homónimo en un momento de esplendor en sus inicios. Ya desde la ficción, títulos como Papeles secundarios de Orlando Rojas, que desentraña los intersticios del mundillo teatral como metáfora del teatro mayor, que es la sociedad.

Como la vida misma de Octavio Cortázar, que expone la particular experiencia de interrelación vivida por el grupo de teatro Escambray con su realidad circundante.

Aunque no están en esta Muestra, filmes como La bella del Alhambra del propio Pineda Barnet o Pon tu pensamiento en mí de Arturo Sotto, son de obligada referencia. De muy diversas maneras, se acercan a lo teatral. Uno refleja el fenómeno del teatro Alhambra, como manifestación específica de un género caro a la tradición cubana y, sin embargo, algo desaparecido. El otro, no sólo parte de un texto dramático, sino que integra la teatralidad como expresión y concepto en su reflexión filosófica.

De modo que sí, esto es —puro teatro. Sirva, ya sea, como recuento o revelación o, acaso, provocación para futuros acercamientos entre dos artes que están esencialmente ligados.