En cualquier
caso, sin inclinarse por una u otra opción, que para
todo hay tiempo y espacio en este mundo, esta pequeña
ojeada, intenta acercarnos a un .teatro puro., es decir,
a cómo el cine mira el teatro en su expresión
más propia. De esta manera, renunciamos a una extensa
lista de títulos de obras, adaptadas al cine, para
centrarnos en el hecho teatral en sí, ya sea, el
registro total o parcial de la puesta en escena, el proceso
de montaje o el fenómeno alrededor de un espectáculo,
el testimonio de su paso. Burlar un tanto, lo que, sin embargo,
es esencia teatral, el carácter efímero, único
y exclusivo de la representación en vivo.
La otra coordenada
es Cuba, donde la fundación del ICAIC, en marzo de
1959, abrió nuevas perspectivas al cine nacional.
El impulso sin precedentes del documental aportó
series didácticas como la temprana Enciclopedia
Popular, con su colección Teatros de La
Habana, dirigida por Enrique Pineda Barnet, quién,
también, filmó ballet y se ha mantenido, desde
siempre, muy ligado al teatro. Esta serie se proponía
recoger en imágenes los muchos montajes de una época
de rica actividad teatral. Lamentablemente, no se continuó
y, con ello, se perdió el registro de una etapa importan-
tísima de nuestro teatro y de la memoria cultural
de nuestro país. Por suerte, hoy, podemos ver algo
de la legendaria puesta en escena, que estrenó Aire
Frío de Virgilio Piñera con Verónica
Lynn, en el personaje de Luz Marina o el montaje de Fuenteovejuna
por Teatro Estudio con Raquel y Vicente Revuelta,
en un momento substancial de sus carreras.
El Noticiero
ICAIC Latinoamericano, con la dirección general
de Santiago Álvarez, también, hizo lo suyo.
El reflejo de una realidad que era inmediata, hoy es de
un valor testimonial inapreciable y delicioso. A través
de la historia del Noticiero, con la visión de otros
directores como Héctor Veitía, Francisco Puñal
y Melchor Casals, se puede tener un rápido panorama
de la evolución del teatro, a lo largo de tres décadas.
Desde la rica cartelera teatral de los años 60, hasta
el fuerte contenido político de los 70, así
como el particular esplendor del hoy desaparecido Teatro
Musical de La Habana, en los años 80 y el auge
de los montajes humorísticos del Conjunto Nacional
de Espectáculos que, todavía, conservaban
mucho de elaboración teatral. También, la
filiación con el movimiento latinoamericanista, con
su teatro de creación colectiva y los inicios del
Festival de Teatro de La Habana.
Lamentablemente,
se queda uno con ganas de ver más, pero no ya por
el espacio y el tiempo limitados, nos hubiese gustado tener
mucho más material para seleccionar, sin embargo,
parece que el cine cubano ha padecido de cierta pereza al
acercarse a su .mayor., no para saquear sus fábulas,
sino para mostrar el fenómeno teatral en su complejidad.
Por fortuna,
hay excepciones como el caso del documental Buendía
de Humberto Solás, que muestra al paradigmático
grupo homónimo en un momento de esplendor en sus
inicios. Ya desde la ficción, títulos como
Papeles secundarios de Orlando Rojas, que desentraña
los intersticios del mundillo teatral como metáfora
del teatro mayor, que es la sociedad.
Como la
vida misma de Octavio Cortázar, que expone la
particular experiencia de interrelación vivida por
el grupo de teatro Escambray con su realidad circundante.
Aunque no están
en esta Muestra, filmes como La bella del Alhambra
del propio Pineda Barnet o Pon tu pensamiento en mí
de Arturo Sotto, son de obligada referencia. De muy diversas
maneras, se acercan a lo teatral. Uno refleja el fenómeno
del teatro Alhambra, como manifestación
específica de un género caro a la tradición
cubana y, sin embargo, algo desaparecido. El otro, no sólo
parte de un texto dramático, sino que integra la
teatralidad como expresión y concepto en su reflexión
filosófica.
De modo que
sí, esto es —puro teatro. Sirva, ya sea, como
recuento o revelación o, acaso, provocación
para futuros acercamientos entre dos artes que están
esencialmente ligados.