
Seis años, documental dirigido por Mischa Prince y producido
por el Instituto de la Defensa Pública Penal de Guatemala, confirma
una vez más la sabiduría colectiva. Cuenta la historia
real de un suceso acontecido en Quiché, localidad guatemalteca,
en el año 2002.
Juan Yat Chach, descendiente indígena,
es víctima de un atraco. Cinco hombres le atacaron para robarle
el auto, y, aunque no le hicieron daños físicos graves,
le abandonaron maniatado a la orilla de la carretera. Después,
cuando se repone, denuncia a las autoridades oficiales el delito,
pero las acciones se desarrollan tan lentamente que decide acudir
a la comunidad indígena para hallar justicia. Las gestiones,
esa vez, siguen un curso mucho más expedito: se localizan los
sospechosos y se les juzga ante la comunidad, según el derecho
consuetudinario maya, dándole participación a representantes
del orden estatal.
Uno de los implicados, Francisco Velásquez,
confiesa su parte de culpa; pide perdón a Juan y a la comunidad
y llega a acuerdos para resarcir el daño económico.
Sin embargo, los medios de comunicaci ón tergiversan los hechos,
emitiendo la noticia de que .una turba había intentado linchar
a presuntos ladrones.. Ante el revuelo, el caso debe retomarse y proceder
con la orden de detención, que ya pesaba sobre Francisco, quien
es doblemente castigado, por las leyes mayas primero, según
sus tradiciones, y, después, por el sistema judicial estatal.
Es condenado a seis años de prisión en el penal de Cantel,
a despecho de lo previamente concertado en la instancia comunitaria.
Seis añosaborda mucho más
que un simple hecho aislado. Pone sobre el tapete una situación
que hoy en día afecta la realidad guatemalteca: por un lado,
la falta de seguridad de la población y el descrédito
del gobierno por su incompetencia; por otro, la discriminación
al indígena, su cultura, tradiciones, leyes y demás.
Por otra parte, las secuelas de violencia que ha dejado la guerra
entre la población .y la indígena fundamentalmente.
son un acicate para los linchamientos colectivos característicos
de la realidad actual en Guatemala.
El conflicto que aborda el documental
gira alrededor de tres vértices: Estado, justicia y comunidad.
Su tesis apunta a la necesidad que tiene el poder estatal de trabajar
mancomunadamente con la comunidad indígena, y a la imposibilidad
de ignorar y dejar de reconocer el potencial que significa y su capacidad
de acción. Debe señalársele el tocar de una manera
muy superficial el origen de los hechos, que es el robo en sí
mismo: las raíces verdaderas que motivan el delito, la pobreza,
el desempleo, el bajo nivel cultural, el aislamiento social.
Es un documental expositivo,
que se acerca mucho al reportaje periodístico. El ritmo narrativo
es estable y se respeta la cronología de los hechos. En la introducción,
se precisa, sin retardos, el suceso que se contará, se presentan
los personajes y se enuncia el conflicto. El documental termina con
la solución del caso, pero deja abierta la polémica con
la declaración de que es esa la primera oportunidad en que un
tribunal estatal toma en cuenta la decisión de un juicio indígena.
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