Después de trabajar con una fórmula independiente, ¿cuál
es el saldo como creador que te ha dejado esa experiencia?
Todavía no puedo calcular
la magnitud del saldo. Hasta ahora ha sido un duro y reconfortante
aprendizaje. Un enfrentamiento real y brutal con la realidad, en la
que a veces, en los momentos difíciles, pudieras desear la
protección de una productora que te mime. Pero, salvar los
obstáculos te fortalece e independiza más aún.
¿Consideras que un esquema
de producción menos tradicional permitiría al cine cubano
enfrentar con más libertad los desafíos que ofrece hoy
la representación del presente nacional?
La respuesta no solo está en un esquema de producción
alternativo. Está también en la mentalidad de los cineastas.
De lo que realmente les importe contar y de lo que estén dispuestos
a hacer por ello. El estilo de producción del ICAIC es muy
parecido al de otros lugares y funciona con dinero. Haber encontrado
fórmulas alternativas de producción me parece una salida
que beneficia a todos y que puede ser la tabla de salvación
por el momento. Pero creo que la verdadera solución será
echar a andar otra vez la vieja industria. Inyectarla de dinero y
renovarla.
¿Cómo te ha ido
trabajando fuera de Cuba?
El estilo laboral y social en Cuba es atípico. Alguien que
nunca ha salido del país puede creer que así son las
cosas en todas partes, en otro medio aprendes que hay maneras distintas
de hacer las cosas y obtener el mismo resultado.
¿Hasta qué punto
te parece válida la clave tragicómica para la clase
de fábula que creaste hasta la fecha (considerando que tanto
en Video de familia como enFrutas en el café utilizas el recurso
como clave de exposición dramática)?
La tragicomedia da muchas ventajas, me siento cómodo con ella,
y me parece un género que se da con mucha naturalidad entre
los cubanos de hoy. En Frutas... trato de acercarme así a los
personajes y a sus historias. Buscando siempre la verosimilitud de
la realidad.