Muestra de cortos españoles

Por Gustavo Arcos

El cortometraje de ficción siempre ha sido una opción creativa para muchos realizadores noveles (y otros no tanto) que desean experimentar o probar suerte en el mundo del cine. Asociados generalmente a proyectos artísticos generados en el marco de las escuelas de cine o en talleres de realización, devienen en la prueba de fuego para aquellos que en poco tiempo pudieran convertirse en los cineastas del futuro; es la forma de «mostrar credenciales» o hacerse notar en un mundo audiovisual altamente competitivo.
Sería difícil encontrar en la historia del cine un realizador que no haya transitado por este género e incluso sobran los ejemplos de aquellos que después de consagrarse vuelven a él para «oxigenarse». Y es que hay historias, sensaciones y emociones que merecen o piden ser tratadas en otro tiempo fílmico. El corto debe estimular, conmover y sobre todo sorprender al espectador y no porque utilice efectos visuales o escenas estremecedoras, sino por la capacidad (y cualidad) de evocación o significación que puedan contener sus historias.

Eso es precisamente lo que llamará la atención en varios de los cortos que se presentaran en la muestra española durante estas jornadas. Será el caso por ejemplo de El viaje, dirigido por Toni Bestard, donde el poder de la imaginación humana y especialmente de dos niños, queda sublimado ante la presencia nada más y nada menos que de la propia muerte. Sus dos pequeños protagonistas hacen gala de tan sorprendente creatividad que el impacto emocional que para ellos puede significar la visión de un cadáver en un basurero, es reconfigurado gracias a sus propias capacidades de soñar y evocar o para ser más exactos, de suplantar la inercia y el horror desde su propia inteligencia y vitalidad.

Siguiendo los cauces del thriller convencional, dos cortos españoles titulados Brasil y Tercero B, pretenden sorprendernos apelando a todos los atributos del género: personajes oscuros y ambiguos, situaciones sórdidas, engaños sentimentales, puertas que se abren abruptamente, suspenso, peleas y persecusiones en pasillos, sombras en las paredes, sonidos no diegéticos y…. cosas por el estilo, representadas quizás en el segundo de ellos, de una manera más eficaz.

Cortometrague, dirigido por José Manuel Meneses acude al estilo más tradicional, pero alejado de los bellos, corpóreos y vivos dibujos implantados por Disney para desde la sencillez y eficacia contar su breve fábula inspirada tal vez en aquello de «quien ríe último ríe mejor». Otro realizador, este, Javier Tostado al frente de su equipo decide utilizar la difícil técnica de animación con plastilina a la que se le integra diegéticamente un actor-personaje en un argumento que se desplaza hacia el terreno de la ficción dentro de la ficción.

Y hacia ese territorio confuso donde se confunden ficción y realidad, verdad y representación, dirigen su mirada Luís Moreno con 250 bocadillos de mortadella y José L. Martínez con Informativos. La historia del niño que se ha quedado flotando tras un acto de magia practicado en el teatro de un pequeño pueblo o la de una pareja de conductores radiales uno de los cuales le declara su amor en vivo y ante los micrófonos a su colega, pretenden desde el humor y el absurdo ofrecer una visión crítica del cinismo y la falta de profesionalidad que asiste a buena parte de los medios en el mundo de hoy.

La muestra española cierra con dos cortos de carácter más introspectivo y dramático. El balancín de Iván aborda el período inicial de la dictadura militar argentina en una reconstrucción o flash back de aquellos dramáticos momentos cuando el desconcierto, el temor y la posibilidad real de la muerte aterrorizaban a un matrimonio con dos hijos pequeños escondidos en una casa de la periferia. Terminal dirigido por Altzol Aramalo es protagonizado por el argentino Miguel A. Solá en el papel de un operario de estación de ómnibus, quien vive —en un discurso sobre la soledad y la indolencia desde la distancia y a modo de voyeur— su propia experiencia erótica con una prostituta.