Más allá del paisaje
Por Rigoberto Jiménez

A veces agradezco no tener la seguridad plena sobre lo que quiero porque siento que eso, de alguna manera, me permite un riesgo que me pone a prueba.
Fernando Pérez

La III Muestra de Nuevos Realizadores ha tenido a bien ofrecer un espacio a algunos de los filmes realizados en las serranías cubanas, donde hoy ?probablemente? se sorprendan más los buscadores de historias, que los protagonistas, para quienes una cámara va siendo tan común como un curujey prendido al tronco, porque ayer y hoy algunos quisieron ver...

Los dueños del ríoEl espectáculo del amanecer en la Sierra Maestra es una las cosas más gratas que he visto en toda mi vida. Los atardeceres no son menos hermosos, pero estos tienen otro carácter, llega un momento en que la luz deja de ser, y la oscuridad aún no es todo lo negra posible. Es ese el momento de las preguntas, los suspiros, las ansias y la sordera que deja el sonido multiplicado de los grillos.

Entre esos dos fenómenos transcurre la vida de los campesinos, vida descontaminada, casi pura, pero terriblemente difícil. La Sierra curte el cuerpo y el alma; a veces, cuando apela al silencio ante lo extraño y lo poco comprensible que resulta el mundo exterior, hace tragar en seco.

A esas condiciones llegó un día Televisión Serrana, cámara y mochila al hombro, para quedarse. A partir de ahí, esta escenografía realista y naturalista también nos curte los amaneceres y los atardeceres; en las buenas y en las malas; en lo complejo y en lo que no lo es tanto.

¿Qué hacer después del asombro de los nativos y los foráneos ante este acontecimiento? Esta es una pregunta ?que al cabo de once años de imágenes y sonidos; de rostros que pocas veces salen a la luz; y de historias tan humanas que cantan a los cuatro vientos su universal valía?, está encontrando respuestas.

Vivir en la sierra y filmarla, reconocer su pulso y hacer protagonista a una comunidad de andar a pie o a lomo de mula, es nuestra función primaria. Dar a conocer lo oculto y lo común, y ese otro paisaje que encanta ? en medio del asfalto de las grandes urbes?, marcó un estilo que hoy nos reconoce y nos singulariza, sin la menor intención de separarnos de una generación de artistas que en su momento también tuvo una mirada muy certera de la sierra y hoy está dando grandes e importantes pasos en nuestro país.

Un equipo de filmación viviendo y creando en el centro de una comunidad para lograr hacerse ciudadano de la misma, y de igual manera provocar que los ciudadanos de ella, puedan tener una mirada de las cosas desde otros puntos de vista, es poco frecuente; mucho más, si al compás del rigor de la creación, debemos cumplir con la función social de ofrecer cultura al mismo tiempo que la estamos recibiendo en estado puro.

Esta función social no nos la impuso nadie, fue y es nuestra necesidad desde el primer día; necesidad para poder pagar en cultura, todo lo que se nos ofrece en historias; en posibilidades para la creación y el arte.

Y así, poco a poco, la pantalla fue conociendo otra realidad, y esa realidad, fue llegando a otro mundo para, sin imponerse, enriquecer todos los caminos de los hombres serranos.

Los dueños del ríoHay aciertos y desaciertos, puntos que llegan a un lugar y retornan al principio para decirnos que debemos tomar otro sendero, pero lo cierto es que no se llega a una realidad tan compleja por arte de magia. En una semana no se hace y se deshace, y se crea todo lo creable, ni se experimentan todas las formas novedosas del lenguaje cinematográfico y televisivo. Lo cierto es que hay que darse duro sobre la piedra de estos caminos y trillos ?que suben y que bajan? porque, simplemente, si uno no los explora y anda, se cierran de maleza hasta guardar para sí el tesoro de una vida que siempre estará más pegada a la tierra, pero no por eso carente de sueños y realidades que cumplir.

Andamos y desandamos, a veces de forma precaria, debido a las malas condiciones y pobres recursos, pero nunca desentendidos del valor que tiene el afecto con que se brinda una taza de café o la experiencia que nos trasmite un rostro cargado de arrugas o la sombra de un campesino que sube con su saco de soledad y se pierde en el atardecer.

Hemos andado, andando, aprendiendo el oficio ?como mismo aprendimos a subir al lomo de una mula y la hicimos caminar?, orgullosos de tener, al fin, un espacio en estos parajes que acogen al talento, donde una mirada poco sagaz puede creer que solo crecen los hermosos paisajes.