La III Muestra de Nuevos Realizadores
ha tenido a bien ofrecer un espacio a algunos de los filmes realizados
en las serranías cubanas, donde hoy ?probablemente? se sorprendan
más los buscadores de historias, que los protagonistas, para
quienes una cámara va siendo tan común como un curujey
prendido al tronco, porque ayer y hoy algunos quisieron ver...
El
espectáculo del amanecer en la Sierra Maestra es una las cosas
más gratas que he visto en toda mi vida. Los atardeceres no
son menos hermosos, pero estos tienen otro carácter, llega
un momento en que la luz deja de ser, y la oscuridad aún no
es todo lo negra posible. Es ese el momento de las preguntas, los
suspiros, las ansias y la sordera que deja el sonido multiplicado
de los grillos.
Entre esos dos fenómenos
transcurre la vida de los campesinos, vida descontaminada, casi pura,
pero terriblemente difícil. La Sierra curte el cuerpo y el alma;
a veces, cuando apela al silencio ante lo extraño y lo poco comprensible
que resulta el mundo exterior, hace tragar en seco.
A esas condiciones llegó un
día Televisión Serrana, cámara y mochila al hombro,
para quedarse. A partir de ahí, esta escenografía realista
y naturalista también nos curte los amaneceres y los atardeceres;
en las buenas y en las malas; en lo complejo y en lo que no lo es
tanto.
¿Qué hacer después
del asombro de los nativos y los foráneos ante este acontecimiento?
Esta es una pregunta ?que al cabo de once años de imágenes
y sonidos; de rostros que pocas veces salen a la luz; y de historias
tan humanas que cantan a los cuatro vientos su universal valía?,
está encontrando respuestas.
Vivir en la sierra y filmarla,
reconocer su pulso y hacer protagonista a una comunidad de andar a pie
o a lomo de mula, es nuestra función primaria. Dar a conocer
lo oculto y lo común, y ese otro paisaje que encanta ? en medio
del asfalto de las grandes urbes?, marcó un estilo que hoy nos
reconoce y nos singulariza, sin la menor intención de separarnos
de una generación de artistas que en su momento también
tuvo una mirada muy certera de la sierra y hoy está dando grandes
e importantes pasos en nuestro país.
Un equipo de filmación viviendo
y creando en el centro de una comunidad para lograr hacerse ciudadano
de la misma, y de igual manera provocar que los ciudadanos de ella,
puedan tener una mirada de las cosas desde otros puntos de vista,
es poco frecuente; mucho más, si al compás del rigor
de la creación, debemos cumplir con la función social
de ofrecer cultura al mismo tiempo que la estamos recibiendo en estado
puro.
Esta función social no nos la
impuso nadie, fue y es nuestra necesidad desde el primer día;
necesidad para poder pagar en cultura, todo lo que se nos ofrece en
historias; en posibilidades para la creación y el arte.
Y así, poco a poco, la pantalla
fue conociendo otra realidad, y esa realidad, fue llegando a otro
mundo para, sin imponerse, enriquecer todos los caminos de los hombres
serranos.
Hay
aciertos y desaciertos, puntos que llegan a un lugar y retornan al
principio para decirnos que debemos tomar otro sendero, pero lo cierto
es que no se llega a una realidad tan compleja por arte de magia.
En una semana no se hace y se deshace, y se crea todo lo creable,
ni se experimentan todas las formas novedosas del lenguaje cinematográfico
y televisivo. Lo cierto es que hay que darse duro sobre la piedra
de estos caminos y trillos ?que suben y que bajan? porque, simplemente,
si uno no los explora y anda, se cierran de maleza hasta guardar para
sí el tesoro de una vida que siempre estará más
pegada a la tierra, pero no por eso carente de sueños y realidades
que cumplir.
Andamos y desandamos, a veces de forma
precaria, debido a las malas condiciones y pobres recursos, pero nunca
desentendidos del valor que tiene el afecto con que se brinda una
taza de café o la experiencia que nos trasmite un rostro cargado
de arrugas o la sombra de un campesino que sube con su saco de soledad
y se pierde en el atardecer.
Hemos andado, andando, aprendiendo
el oficio ?como mismo aprendimos a subir al lomo de una mula y la
hicimos caminar?, orgullosos de tener, al fin, un espacio en estos
parajes que acogen al talento, donde una mirada poco sagaz puede creer
que solo crecen los hermosos paisajes.