Alfredo Rostgaard La utilidad de la belleza (Suficiente)
Por Andrés Mir

«... a veces no es bueno que las cosas salgan tan bellas, porque lo bello puede causar falsedad»
Alfredo Rostgaard
(en conversación con el entrevistador)


Caricatura de RostgaardSi bien es poco probable que el cubano de a pie conozca por su nombre a Alfredo Rostgaard, podría jugarme el bigote a que nadie dejaría de reconocer al menos una de sus obras, repartidas por todo este país nuestro con la impronta visual de sus carteles: el cine cubano debe también en cierta medida su difusión a su estilo sintético, sobrio, pero colmado de búsquedas expresivas. Sus afiches, patrimonio ya de la iconografía cubana de finales de los sesenta desde imágenes categóricas, enmarcados sus colores planos en duras líneas que sugieren una influencia pop inherente a la época, tomaron por asalto nuestras calles, nuestras casas y nuestro imaginario. Hoy, en exclusiva para El Bisiesto Cinematográfico, Rostgaard nos abre las puertas de su casa de Teresa Blanco, para conversar brevemente sobre el cartel y el cine:

-El afiche de cine es un hecho muy particular, yo diría que misterioso. Porque es una alusión a una obra que tiene cientos y miles de imágenes, debes seleccionar una que simbolice todas las imágenes, que las resuma, que haga referencias a ellas pero que no te cuente el final, que no cuente la película es todo un misterio. Es un trabajo muy interesante. Yo hice casi todos los primeros carteles de las películas de Santiago Álvarez. Los carteles se encuentran, surgen. Uno los busca y a veces los encuentra.

Tener talento no es suficiente. Hay que tener talento, pero también oportunidad, tener padrinos. Padrinos son aquellos que hacen posible el diseño. Porque yo pienso que el diseño es una obra colectiva. Cuando un arquitecto determina que le diseñes una casa, estás participando de la creación, se te da la posibilidad, pero pudo haber sido otro. Estos padrinos han hecho posible el diseño de carteles en Cuba. Entre ellos quería mencionar a Haydeé Santamaría, desde la Casa de las Américas, a Osmany Cienfuegos, desde la OSPAAAL y entre los más importantes,a Saúl Yelín, quien hizo posible todo el desarrollo del cartel cinematográfico. Al principio todas las serigrafías de las películas del ICAIC eran grises, de tonos oscuros; todo este colorido que hoy es normal, despertó mucha sensación. No era común ver los carteles con todos esos colores. Yelín fue uno de los que propició esta posibilidad.

El ICAIC tenía en aquella época dos tipos de diseñadores: diseñadores de plantilla, que era mínima, dos o tres, Antonio Reboiro, Rene Azcuy, y habíamos eventuales. Nos encargaban diseños de carteles, veíamos las películas, seleccionaban o no el cartel, colaborábamos pero no estábamos en plantilla. Saúl Yelín personalmente seleccionaba los carteles. El gusto gráfico es una cualidad específica. Saúl tenÌa eso: hay otros que yo pienso que no lo tienen. No han tenido los filmes recientes carteles de la altura que tienen hoy los del festival de cine, no ha habido carteles que se destaquen. Sin embargo, cuando Saúl se hicieron carteles como el del X Aniversario del ICAIC, que después él me repetía constantemente: haz uno igual, haz uno igual en el sentido del nivel.

He participado en eventos de nuevos creadores, donde casi todo se hizo con imágenes computarizadas, y aprecio una extraordinaria calidad. Es una tontería ir contra la historia. Hay que aprovechar todas las posibilidades actuales de equipamiento, es indispensable incorporar las nuevas posibilidades tecnológicas. No pienso que el cambio de medios tecnolÓgicos limite la creatividad, el problema de los carteles es que no se ven, no hay espacios públicos para los carteles. Un buen cartel puede ser igual a una gran pintura. Una buena imagen no importa que esté referida a algo, no pienso que eso la limite. A muchas personas actualmente les gusta tener carteles en su casa.

El cartel cubano está atravesando un momento de crisis. Hay que incorporar las nuevas técnicas pero hay que hacer carteles. Basta con salir a la calle y observar la falta de carteles. Pienso que no hay una voluntad de hacer carteles. Interesa más vincularse a la televisiÓn o cualquier otro medio que hacer un cartel. Uno de los grandes éxitos que tuvo el movimiento cartelístico en Cuba consistió en que su finalidad no era únicamente llevar a la gente al cine, la gente de todas formas iba a ir al cine, tenía otras finalidades; elevar el nivel estético de la ciudad, hacer referencias culturales. Nunca se hizo el cartel con la intención estrecha de vender por vender. Esa voluntad creo que no existe hoy en día.

Me gusta mucho la definición de que el diseño gráfico es un diseño aplicado. El diseñador claro que es un artista, lo que su obra debe tener una aplicación concreta, debe servir a algo, debe tener carácter utilitario. No se trata de la creación libre, en el sentido clásico del arte, es más bien una creación con pie forzado. Yo pienso que muchas veces los límites uno mismo se los impone: hay una libertad total, lo que uno debe determinar, escoger, seleccionar cuál es el camino. Se puede hacer de todo, casi cualquier cosa, pero manteniendo siempre el asidero, buscando que funcione, que sea útil. Es como el arte decorativo, nadie dice que va a hacer una silla para un museo. La silla primero debe servir para sentarse, y ser cómoda. Luego, si trasciende su utilidad y alcanza la belleza, llegará a un museo de artes decorativas en algún momento. Esto es un reto y no una limitante.