

MEMORIA
Por Arturo Infante
Escribí “La Edad de la Peseta” gracias
al entusiasmo de Gabriel García Márquez.
Tuve la suerte de participar en su taller “Como se cuenta un cuento”,
que impartía en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños
luego de varios años de ausencia. Entre la multitud de historias
que surgieron allí, yo conté algunas anécdotas de
mi abuela fotógrafa. Al Gabo le gustaron mucho e inmediatamente
me animó a inventar una historia con todas ellas.
Si no hubiese sido por su insistencia, quizás nunca hubiera escrito
este guión, o a lo mejor muchos años después. Pero
acepté el reto y me senté frente al ordenador, sin tener
la mas mínima idea de como iba a empezar. Por primera vez me lanzaba
a la aventura de escribir un largometraje sin el apoyo de una estructura
dramática perfectamente definida de antemano. (Eso me tocó
hacerlo después, de todas formas).
Tenía la ventaja de conocer al dedillo a mis personajes y me dejé
guiar por ellos. De un lado Samuel y Violeta, que me hicieron volver a
mi infancia y rescatar de allí memorias que creía perdidas.
Y del otro Alicia, a la que a veces tenía que callar un poco porque
amenazaba con volverse dueña de la historia. Todos juntos fuimos
construyendo la ficción, que se alejó cada vez más
de mis recuerdos infantiles para tomar un rumbo propio, completamente
distinto.
En cuanto estuvo terminado el guión se lo di a leer a varios amigos
y conocidos. Mas allá de las opiniones y sugerencias que recibí,
me sorprendió gratamente el hecho que la historia de Samuel evocara
en tantas personas recuerdos de su propia infancia. Incluso en aquellas
de las que uno puede sospechar cualquier cosa, excepto que hayan sido
niños.
Si la película terminada consigue lo mismo en algún espectador,
me daré por satisfecho. Confío plenamente en el talento
de Pavel, porque lo conozco y hemos trabajado varias veces juntos. Así
que solo me queda esperar con calma el momento mágico de volver
a encontrar a mis personajes, (que ahora también son los suyos)
en la pantalla del cine.

ENTREVISTA REALIZADA
A PAVEL GIROUD
por Joel del Río
¿Es La edad de la peseta, para ti, un trabajo de encargo,
la oportunidad simplemente para hacer un largo, o te sientes motivado
por el guión de Infante? ¿Qué mecanismos emotivos,
personales, creativos activa en ti esta historia?
Hay
de todo. Comenzó como un encargo por llamarlo de algún modo.
Había un guión seductor dando vueltas y tanto el autor como
el productor veían bien que yo me incorporara a él como
director. Para nadie es secreto que yo andaba loco por rodar mi primer
largo; pero esa locura no era tanta como para impedirme ser cauteloso
a la hora de escoger un proyecto ajeno.
El proceso que llevamos a cabo en común estuvo más en función
de mi perspectiva, fue algo que quedó muy claro siempre. Trabajamos
muy rápido, dándoles carácter a personajes que tenían
fugaces apariciones; atando cabos sueltos; creando simetrías narrativas
(un elemento sin el cual no concibo el cine). Fue un proceso muy cómodo
para ambos. Yo, sin intentar cambiar su historia, aún cuando me
atreviera a alterar las situaciones y él adecuándose a mi
focalización de ella, un proceso elemental en cualquier matrimonio
guionista / director y que a veces no funciona porque alguno hala más
para su lado. Creo que fue clave el hecho de que Arturo es bastante desprendido
y yo soy lo suficientemente adaptable como para no llevar la nave hacia
una ruta ajena a la que él se propuso.
Comencé esta respuesta diciéndote que hubo de todo. El comienzo
fue un encargo y ha terminado por ser el amor de mi vida como creador.
¿Cómo tienes pensada la imagen de la película
para dar la época, el pasado, y cuál será el método
que emplearás para dirigir a un niño y a una actriz mayor,
consagrada y absolutamente conocedora del medio?
Puedo concentrarme más en la primera parte de tu pregunta
y quizá la segunda te la conteste terminado el rodaje. No tengo
pensado para nada variar mi método de trabajo que es tan simple
como adecuarme a las características de cada actor y conocer muy
bien a mis personajes para saber el rango de reacción ante cada
situación que enfrente.
Yendo a lo primero que preguntas y creyendo que es algo que pueda despertar
curiosidad tomando en cuenta que la apariencia de La Habana de hoy dista
bastante de la de los años cincuenta, puedo decirte que es algo
que creo tener bien claro.
Si algo distingue a las películas que apelan a tiempos pasados
es el exhibicionismo de la reconstrucción, algo que me hubiera
encantado hacer, pero que me resulta imposible. Afortunadamente, me han
antecedido grandes cineastas como Wong Kar Wai, que me han enseñado,
que basta una angulación para ubicar en tiempo y espacio a tus
personajes. En la Edad… todo esto está planteado desde una
perspectiva minimalista; acudiendo a pequeños detalles y por supuesto,
evitando gazapos.
¿Piensas que será una película donde lo más
fuerte será la historia, los diálogos, las situaciones,
o más bien le darás protagonismo al estilo, la forma, la
imagen, las atmósferas?
Es que para que funcione una película, todos estos elementos
TIENEN que estar en absoluta sintonía. Está concebido para
que todo fluya en perfecta armonía, pero del dicho al hecho…
Se sabrá cuando esté concluida.
¿Cuáles crees que han sido los tres o cuatro trabajos
tuyos, anteriores, que te han permitido sentirte seguro a la hora de enfrentar
este reto, y por qué seleccionas estos precisamente y no otros?
Mi primer corto titulado “Spot”, porque entendí
que tenía condiciones naturales para narrar, encuadrar y seducir
con la imagen; algo que hasta ese momento hasta yo mismo desconocía.
Era primera vez que manipulaba una cámara, que diseñaba
una banda sonora, que dirigía a gente para que hiciera determinadas
cosas frente al lente. Todo amparado desde la ignorancia.
Otro material al que podría apelar es a uno de mis videoclips,
titulado “Arráncame la vida”, pues con tres o cuatro
elementos (un televisor, una cortina un par de actores y un buen número
musical) se logró remitir al espectador a la época de oro
de la Orquesta Sensación, precisamente los años cincuenta,
concepto muy similar al que estamos manejando con esta película
y sin duda tengo que mencionar mis dos últimos trabajos en la ficción
(“Todo por ella” y “Flash”), que me han dado entrenamiento;
aunque sin duda, considero que cada trabajo que he hecho ha sido una inyección,
aún cuando entre los que me han dejado satisfecho, aparezcan otros
que verdaderamente aborrezca.
Se dice que eres el más ocupado de los jóvenes cineastas
cubanos. Relátame qué has hecho desde que terminaste “Flash”
hasta ahora, más o menos, y qué piensas hacer hasta que
se acabe el año, además de rodar La edad de la peseta, por
supuesto.
Trataré de ser cronológico y de seguro obviaré
algo.
Terminado el proceso de edición de mi historia en el filme “Tres
veces dos (“Flash”), mientras Esteban y Lester filmaban las
suyas, tuve la suerte de que mi guión “Emporio Habana”
fuera seleccionado para la primera edición de beca Fundación
Carolina para desarrollo de proyectos cinematográficos en España,
tutoreado por importantes productores, guionistas y realizadores Iberoamericanos.
He realizado tres o cuatro documentales; uno, de apenas diez minutos,
dedicado a los carteles ICAIC, titulado “Silk screen, el segundo,
narra el proceso de grabación de un disco dedicado a Frank Emilio
donde intervienen muchos de los más importantes pianistas cubanos
del momento, trabajo que comenzó como el típico making off,
pero fue creciendo y creciendo y que recién se estrenó en
los días del Cubadisco y se editará en DVD por BIS music.
Le doy los toques finales a un largometraje documental dedicado a Esther
Borja, un proyecto que me ha dejado bastante satisfecho y como siempre
haciendo videoclips, a los que en esta última etapa no les he podido
dedicar mucho tiempo y energías; he filmado y editado materiales
publicitarios por encargo (encargo de verdad, no como el caso de La edad…).
Además fui editor de los cortometrajes “Utopía”
y “El intruso” de Arturo Infante y “Cualquier mujer”,
de Tamara Morales (trabajos que he realizado para que esos proyectos salgan
adelante, pues no me considero editor). Por ahora he tenido que rechazar
algunos trabajos y postponer otros porque mi prioridad absoluta es la
película.

|
|
 |
¿GAZAPOS
O MILAGROS?
Por: Jennifer Piñero Roig
¡Silencio! ¡Nadie hable afuera!
Graba sonido. ¡Acción!
Así comienza una semana cualquiera, en este caso la tercera, en
la casona del Vedado donde se filma la película La Edad de la Peseta,
dirigida por Pavel Giroud y con guión de Arturo Infante.
El lunes 11 de julio será especial en la memoria del equipo de
producción por dos razones: se harán los primeros exteriores
en horas del día y estrenarán jornada de trabajo después
de un insólito ciclón. Sin embargo, para alguien ajeno a
la rutina diaria, todo parecería normal. Se pone el mismo cuidado
en los detalles, suavizar la luz cuando la escena es nocturna, mantener
el peinado de la actriz idéntico después de una hora, que
la lámpara del fondo no se vea torcida en el encuadre.
Llega
la hora del almuerzo después de haber consumido la mañana
dentro de la casa. De Susana Tejera –la actriz profesional en el
personaje de Alicia- se espera que soporte calor, la repetición
de las tomas, el constante retoque del maquillaje; pero asombra ver que
el niño Iván Carreira Lamothe–Samuel- no proteste
y asuma su rol.
El llamado de la tarde es a las tres. Para entonces ya se han grabado
48 rollos de película. A estas alturas, a razón de diez
o doce planos diarios, se ha avanzado según lo planificado: ya
se ha filmado un 25 % de la historia.
Antes de reiniciar la sesión vespertina, el portal es el lugar
de encuentro con el fresco del mediodía. Se reúnen los luminotécnicos,
sonidistas, asistentes, camarógrafos, todos los que están
implicados en el rodaje; comentan que hasta ahora ha sido una filmación
tranquila, sin grandes percances, excepto la gripe de Mercedes Sampietro,
y el malestar de José Ángel Egido, los actores españoles.
Es este clima tropical, que desestabiliza a quien no está adaptado.
Allí surgió la anécdota del gato que, además
de actor, resultó, para sorpresa de todos, intérprete musical.
La historia del gato que quería ser pianista
Entre las escenas del guión más temidas por Pavel Giroud,
como dijo él mismo en conferencia de prensa, estaban aquellas en
las que intervenía el gato de Violeta, la excéntrica abuela
de Samuel, a cargo de la reconocida Mercedes Sampietro. El minino debía
mirar a la cara de los recién llegados, la hija y el nieto de la
dueña, con supuesta “indiferencia felina”, tenía
que entrar en escena mientras la actriz tocara el piano y subirse en su
regazo, todo en tiempo cronometrado, para lograr el dramatismo requerido.De
cara a la realidad, después de la orden de “¡acción!”,
el ejemplar seleccionado, uno de pelaje blanco y aspecto aristócrata,
hizo lo que en ningún ensayo previo. Irrumpió con altivez
en el set, saltó del regazo de la Sampietro al piano, y desde allí
se le quedó mirando fijo. Por último, antes de desaparecer,
concedió a todos la gracia de tocar el teclado y dar una nota musical.
Asombro general seguido de risas. Esto no estaba en el guión pero
se queda, que impriman esa toma, dice Pavel. El sonidista incluirá
el sonido de la nota durante el proceso de postproducción.
Termina la tarde
La escena de la tarde es en exteriores, por lo cual debe impedirse el
paso de los autos por las calles. La Edad de la Peseta se sitúa
en la década del cincuenta del pasado siglo. El aire despeina a
Susana, el sol cambia los ángulos de iluminación a medida
que pasa el tiempo: inconvenientes a solucionar. Pero acá todos
hacen un poco de todo, la atención por estos detalles no es sólo
de Pavel Giroud o de Luis Najmías, director de fotografía,
sino de asistentes, script y maquillista.
El reloj corre. El llamado para el día siguiente es a las 8:30
am Entonces retornarán de nuevo a interiores, a seguir convirtiendo
la realidad en una ficción atrapada en 24 imágenes por segundo.


|
 |
|
LA
SECUENCUA MÁS LARGA
Por: Jennifer Piñero Roig
El miércoles 13 y el jueves 14 de julio
fueron días agotadores para el equipo del rodaje de La Edad de
la Peseta. Dos jornadas tomó la filmación de la secuencia
145, la más larga de la película.
El escenario fue el comedor, donde se reunieron Violeta (Mercedes Sampietro),
Ramón (José Ángel Egido) y Samuel (Iván Carreira),
en espera de Alicia (Susana Tejera) para la cena de la Navidad de 1958.
Alicia se tarda y la abuela propone el viaje a la cuarta dimensión,
mucho más bella que la realidad circundante. A partir de este momento
entre Violeta y su nieto se afianza un lazo de complicidad que influirá
en la conducta y sentimientos de ambos.
Cuando el filme se proyecte en alguna oscura sala cinematográfica,
muy pocos sospecharán que desde la hora del llamado de la mañana
para filmar —8:30 am— hasta mediodía, solamente se
habían grabado tres planos, de poco más de un minuto, con
varias tomas cada uno.
Tampoco sabrán de lo que rodea a esa realidad ficticia que muestran
las imágenes. Montones de cables por el suelo, lámparas
gigantescas que además de luz emiten un calor casi insoportable,
micrófonos persiguiendo las palabras de los actores, el tráfico
detenido en la calle para que adentro no se escuchen sonidos inapropiados,
el reclamo continuo por silencio, es lo que caracteriza el momento de
los ensayos y el rodaje. De toda esta vorágine, impresiona la capacidad
de la Sampietro, que se luce repitiendo textos una y otra vez, siempre
con el mismo tono dulce o regañón que corresponda al parlamento,
tanto que parece cierto que se encuentra en “¡ese prado tan
hermoso!” y se emociona al verlo.
El trabajo y el descanso se alternan para todos los que intervienen en
la filmación. Entre un plano y otro, reposan los actores, mientras
que operadores de cámara y sonido, encargados de escenografía,
luminotécnicos, preparan el set; en los llamados planos mudos,
son los del audio los que pueden salir a respirar el aire fresco; quienes
se ocupan de la imagen, tienen su tiempo en el momento de grabar el wild
track, que no es más que captar el sonido adicional en la misma
locación, de forma independiente a la acción, a fin de incorporarlo
luego sincronizado con los movimientos de los actores.
Ya el jueves por la tarde se completaban los veinte planos que componían
la secuencia y las dieciocho horas que les tomaron. Planos detalles de
los anillos transportadores a la cuarta dimensión, dollys, planos
generales, primeros planos a los actores y al gato, que continúa
haciendo travesuras, esta vez no quería abandonar el encuadre aunque
le tocaba escapar como ahuyentado; y seguir con contraplanos de referencia
en los diálogos, planos medios, medir la intensidad de la luz,
comparar el color de los filtros y la posición de las sombras entre
una toma y otra, mucho fue el trabajo que mantuvo ocupado tanto al equipo
creativo como al técnico.
Casi se termina la tercera semana de filmación. De las cinco restantes,
la próxima será todavía en la casa y las demás
transcurrirán en otras locaciones, principalmente exteriores. El
vagón en movimiento de un tren, la partida en barco, una marcha
multitudinaria, significarán retos a solucionar con inventiva,
oficio y técnica.

|
|
|
|
ULISES
EN LA EDAD DE LA PESETA
Por Frank Padrón
Cuando un adolescente no cesa de hacer majaderías
y de comportarse extraño, muchos lo atribuyen a su entrada en una
etapa de madurez, que nuestros padres y abuelos llamaban “la edad
de la peseta”. El músico Ulises Hernández , colaborador
desde hace un tiempo en bandas sonoras del cine cubano, hace tiempo es
un artista maduro y se comporta de manera consecuente con su sólida
formación profesional, pero entra en La edad de la peseta de otro
modo: escribiendo la música de ese, el primer largo de ficción
del joven cineasta Pavel Giroud (Todo por ella).
Ulises, además de compositor y concertista, es un entusiasta animador
cultural al que se deben importantes proyectos artísticos: ha contribuido
notablemente al conocimiento y revitalización del legado de Ignacio
Cervantes, como se sabe cima del pianismo romántico entre nosotros,
sobre todo mediante sus danzas. En sus discos se aprecia la información,
cultura y gusto de este aún joven tecladista, ya sea en el notable
Dan-Soneo (donde interpreta a otras importantes cumbres del pasado siglo,
García Catarla, Ernesto Lecuona y Carlos Borbolla) o en una que
ya se prepara sobre serenatas cubanas.
En tanto cine, ha sido responsable de las partituras en filmes de jóvenes
realizadores del patio, tales Sed , La ola y Miradas (Kiki Alvarez) o
Pon tu pensamiento en mí (Arturo Sotto) donde se ha adaptado musicalmente
al universo de los mismos.
Pero dejemos que sea el propio artista quien continúe hablándonos
del tema , de sus criterios y vivencias dentro del mismo:
¿Qué importancia le atribuyes a la música
en el cine, concretamente a eso que se llama la “música incidental”?
La gran importancia que tiene la llamada “música incidental”,
estriba en el aprovechamiento de la enorme capacidad que posee la música
para trasmitir todo tipo de emociones, y su uso dentro del film se irá
correspondiendo con las distintas intenciones dramáticas. También
es muy importante lo universal de su lenguaje ya que le permite romper
todo tipo de barreras. Me gustaría precisar que no toda la música
que aparece en el cine es “incidental” pues la que escuchamos
de manera justificada en la pantalla y denominada “diegética”
es también muy importante en su función de aportar información
con respecto a la época, al lugar donde ocurre la acción,
la situación geográfica y muchas otras más. Un ejemplo
de la importancia de la música en el cine de nuestros días,
lo encontramos cuando el diálogo se ha sustituido por ella para
lograr la emoción que se quiere trasmitir, o cuando asumimos en
una escena de amor o de terror la presencia de música sin cuestionarnos
de donde proviene.
¿Piensas que un trabajo deficiente en este campo puede
afectar el logro final del filme? (y por el contrario, enriquecerlo uno
que sea cuanto menos correcto)?
La condición de ser el cine una fusión de diferentes
manifestaciones artísticas (o sea la imagen; el teatro a través
de los actores y la escenografía etc.; las artes plásticas
y la música) establece un vínculo entre ellas que las obliga
indiscutiblemente a “afectar el logro final”. Por lo que un
descuido musical en la correspondencia con la atmósfera que se
busca, con la intención necesaria, o con el apoyo dramático,
o con el género sobre el cual se trabaja (ya sea la comedia, el
musical, la tragedia, el drama, o el melodrama) desvirtuará el
resultado del film. Existen otros ejemplos de descuido, por citar algunos:
música utilizada para dar un color latino americano y usan flamenco
español; o el uso de canciones (con un mensaje fuerte) sobre el
texto que están defendiendo los actores en un clímax expresivo,
obligando al espectador a escoger cual de los dos atender; el músico
que piensa el CD que puede hacer de su música y escribe temas con
una elaboración tan compleja que compite tanto con la imagen que
se separa de ella; o el mal uso del cliché musical; la falta o
exceso de ritmo con respecto a la imagen y muchos más.
Por suerte, no siempre los músicos piensan en sí
mismos cuando trabajan para la pantalla...
Cierto: el buen cine norteamericano cuando usa la “música
de pared a pared” como lo define Polanski, utiliza zonas enteras
donde lo que tenemos debajo de la imagen es una especie de colchón
musical que tomará protagonismo temático solamente cuando
le toque el momento. Te podría dar muchos ejemplos de cómo
puede destruir o ayudar la música al resultado de la película.
Creo que un modesto trabajo musical (como composición) pero bien
compenetrado con las necesidades del guión, aporta más al
trabajo en conjunto, que una sofisticada partitura que lleva su camino
independiente, salvando aquellas películas donde la música
sea el peso del éxito.
¿Cuándo te decides a hacer una labor de este
tipo para la pantalla grande (no tengo que decirte que cuentes un poco
tu experiencia con Miradas, de Kiki Alvarez)?
Empecé por el documental en 35mm, y fue una excelente
escuela para relacionar imagen y música. Tienes la ventaja de que
aunque siempre te ajustas a un tema, es menos complejo que en la ficción,
ya que musicalmente es menos diverso, y no tienes la presión de
la exactitud en los tiempos de duración de cada tema, aunque existen
tiempos que debes respetar. El primer documental fue de la realizadora
Miriam Talavera: Es quererte decir en 1986, después vinieron otros,
más tarde un medio metraje y después los largos, hasta el
penúltimo que fue Miradas (2001). Mi decisión para hacer
la música de Miradas pasó por un magnifico engranaje de
trabajo que tenía con el director a través de las obras
anteriores para cine (Sed y La Ola). Fue solo ponerme de acuerdo a partir
del guión que me gustó mucho y trabajar duro.
De nuevo repites, esta vez con Pavel Giroud y su opera prima (digamos
en el largo de ficción) La edad de la peseta...
La propuesta de Pavel es muy tentadora, además de
ser una bellísima historia, por primera vez me veo en la oportunidad
de usar el piano de manera obligada, ya que la protagonista es pianista
y se sienta al piano varias veces. Nunca uso el piano sino tiene que ver
con lo que trata la imagen, a pesar de ser mi instrumento, pues creo que
hay un abuso de el para manipular al espectador. ¡Esta vez me salvé!
¿Qué debe seducirte en un filme para “trabajarlo”
musicalmente?
El guión, y el director con que voy a trabajar.
¿Cuáles son tus bandas sonoras preferidas en
el cine (cubano, latinoamericano, universal) y por qué?
La banda sonora, como sabes, es más que la música para cine,
pues es la suma de todo lo que suena, y es un mundo muy tentador para
mí, casi siempre me meto un poco en ese trabajo aunque a los sonidistas
no les gusta mucho. Pero si te refieres a la música dentro de la
banda te diré que en el cine cubano Leo Brouwer y Carlos Fariña
sientan una escuela, de los trabajos de José María Vitier,
Sergio Vitier, y de Edesio Alejandro siempre aprendes y eso contestaría
el porque, pues han dejado muy buenas marcas en este empeño de
hacer música para cine. Universalmente me sorprende ver el caso
de Ennio Morricone, como se desdobla en cada film y entrega un excelente
trabajo, diferente y mejor. John Williams que su sello de calidad lo hace
reconocible donde esté, así mismo seguiría una lista
donde estuviera Michael Nyman, Michel Legrand y muchos más. En
el caso del cine Latinoamericano los nombres de Osvaldo Montes y David
Tygel entre otros dan muestra de una profunda seriedad en este tema.
Te deseo éxitos en este nuevo empeño, y que el cine
cubano (extensivo a todo el subcontinete) puede seguir contando con tu
decisivo aporte. Muchas gracias.

|
|
|
|
LA
DIRECCIÓN DE ARTE (PARTE I)
Por: Jennifer Piñero Roig
La magia del cine nos permite mirar por un momento
a través de los ojos de Samuel, el protagonista de La edad de la
peseta. De la mano de Alicia, su madre, llega a la fachada de la casa
de su abuela, donde un letrero reza ”Estudio Alvarado”, aunque
algunas de sus letras han perdido el color y apenas se entiende. En la
sala, la vista se nos pierde entre relojes suntuosos, estatuas, una chimenea
tal vez anacrónica en un país tan caluroso y espejos opacos.
Las paredes, de un rosa viejo, intenso pero ocre, contribuyen a crear
un ambiente de oscuridad y cerrazón.
Este es únicamente uno de los sets de rodaje de la historia. Afuera,
las calles de La Habana deberán recuperar la apariencia años
’50; lo mismo que las oficinas, tiendas, aulas escolares. El esplendor
y la pobreza de la etapa convergen, y deben mostrarse reales.
Vivian
del Valle es la directora de arte, estrenándose como tal en un
largometraje para cine, y la artífice de la recreación de
los ambientes y estilos que dominaron la época. Entre ella, Pavel
Giroud, Luis Najmías como director de fotografía y otros
colaboradores, concibieron los colores que predominarían en el
filme, eligieron los tejidos de las ropas de los personajes y los sitios
de rodaje, partiendo de una investigación de los estilos, modas
y costumbres de la década del ‘50.
Los colores, que variarán sus tonalidades en dependencia de los
personajes que acompañen, de los sitios, del poder adquisitivo,
de las circunstancias dramáticas, se inscriben dentro de las gamas
de los rojos, rosados, azules, magenta y verdes.
El Art Decó es el estilo arquitectónico imperante en gran
parte de los sets de filmación: la casona del Vedado donde viven
Samuel y su familia, la de Nuria, despampanante actriz y modelo que acude
a Violeta para tomarse fotos, al igual que la primera oficina visitada
por Alicia en busca de trabajo.
Para la película, el mobiliario, los colores, los adornos y demás
accesorios se determinaron a partir de la consulta a arquitectos e historiadores
y los recuerdos de quienes vivían entonces. La sala de Violeta,
por ejemplo, responde al hecho de que ella es fotógrafa y eran
comunes en esos días las fotos posadas sobre fondos extravagantes
y pretendidos lujos.
Por otra parte, el ambiente también debe revelar el carácter
del personaje. La misma Violeta es una mujer ya mayor, independiente,
quien se está quedando ciega y vive sola, pero orgullosa, adusta
y excéntrica. La casa, por lo tanto, trasmite esa circunstancia
de glamour decadente mediante los colores subidos, las sillas ostentosas,
aunque rotas y los espejos de azogue perdido.
Entonces, de la misma manera que la luz intensa u opaca puede acrecentar
un efecto dramático y la música expresa circunstancias de
clímax o relajación, la dirección de arte es un elemento
fundamental a la hora de situarnos en tiempo y espacio cuando vemos una
película.


|
|
|
|
LA
DIRECCIÓN DE ARTE (PARTE II)
Por: Jennifer Piñero Roig
Las amistades peligrosas, Blade
Runner o Lo que el viento se llevó son filmes que recordamos por
la recreación visual de cada historia. Asímismo, La edad
de la peseta transcurre en La Habana de la década del 50 del siglo
pasado, por lo cual la Dirección de Arte es uno de los elementos
más visibles del trabajo del equipo artístico de la película.
Como mismo la escenografía es un vehículo para lograr ambientes
vívidos, el vestuario, la peluquería y el maquillaje contribuyen
a recrear el espíritu de una época.
Liz Álvarez es la encargada del vestuario en la película.
Con experiencia en otras historias de la misma etapa como Mata que
Dios perdona y Kleines Tropicana, le fue fácil vestir
al elenco de La edad de la peseta.
La moda entonces era muy compuesta, combinada y ajustada a la figura de
las personas. El “movimiento stilyng” irrumpía
dictando los designios en el vestir. En el caso de las mujeres, tres siluetas
se imponían: la línea A –que abre hacia abajo—
la H —que es recta— y la X —porque la forma en que se
lucía recordaba esa letra. Liz retoma aquellos modos e incorpora
elementos más tradicionales cuando lo precisa el temperamento de
quien viste, respondiendo a la misma gama de colores previamente determinada.
Violeta, por ejemplo, luce ecléctica. Es una mujer mayor que reúne
componentes de otras décadas anteriores hasta proyectar una imagen
extemporánea y muy original. Lo mismo ocurre con Ramón (José
Ángel Egido) pero de otra forma. Él es un hombre entrado
en años, conservador y tradicional. El uso de la leontina, un accesorio
que en los ’50 ya no se llevaba, o de la guayabera clásica,
es un recurso para evidenciar su temperamento. La ropa de Alicia va desde
los atuendos más humildes hasta otros más actuales, a medida
que transcurre la trama. Los vestidos de falda amplia se intercalan con
los conjuntos de traje sastre, muy llevados entonces por una clase social
más elevada, como los que luce la propia Nuria.
Magdalena Álvarez (Premio Goya por su trabajo en Tirano Banderas)
se ocupa de maquillar al reparto de La edad de la peseta. Lo mismo hace
Elio Durán (galardonado con el Mérito Gloria de Cuba en
maquillaje y peluquería) con los peinados y los cortes de cabello.
Según las pautas definidas en cuanto a los colores, Magdalena rescata
en el rostro de las actrices los estilos de aquella década distinguible
sobre todo por el rojo en los labios, los delineados cuidadosos y las
cejas pintadas. El reto mayor puede haber sido el necesario aire de familia
entre Mercedes y Susana, sin obviar que por la edad de cada una debían
lucir distintas. Haber trabajado en otras películas que se desarrollan
durante los mismos años, Clandestinos o Fangio,
propicia su destreza en las costumbres de entonces. Con Nuria y la niña
enferma, el maquillaje es esencial. La primera, aunque sofisticada y refinada,
debe denotar cierta exageración; el desafío con la segunda
consiste en reproducir lo pálido y reseco de la piel de una enferma
en un medio asfixiante que hace del sudor y el brillo en la cara una presencia
permanente.
El peinado de la Sampietro convence. Elio Durán, quien también
trabajó en Fangio y Hello Hemingway, logra que
el pelo recogido de Violeta parezca hecho por ella misma, como al descuido.
La melena corta de puntas rizadas de Susana Tejera, clara y vaporosa,
acentúa la juventud del personaje en comparación con la
madre, así como trasmite la sensación de ser alguien más
irresponsable y voluble.
El peinado de Paneca es mucho más complicado, como le corresponde
a una modelo. Mechones anillados, retorcidos, moños muy artificiales,
eran lo más usado por las mujeres a mitad de siglo, quienes después
de visitar su peluquero para que este les compusiera la cabeza, lucían
igual durante todos los días hasta que nuevamente dejaban a manos
ajenas la tarea de retocar, rehacer o variar la imagen de sus cabellos.
Finalmente, el resultado de la imagen que se muestre en pantalla será
fruto de la suma de mil detalles, de la participación de un gran
equipo que, como parte de un juego serio, aportarán de su arte
y destreza para alcanzar la armonía y la coherencia necesarias
para hacerla verosímil, conmovedora y bella.


|
|
|
|
EN
EL LENTE DE UNA CÁMARA
Por Jennifer Piñero Roig
“EXT. CASA DE VIOLETA. SALA
– NOCHE.
Entran. Es un salón bastante amplio, de puntal muy alto. En la
penumbra puede distinguirse que está decorado con engañoso
lujo, que bien visto a la luz del día resultaría falso.
Sobre una de las paredes hay un gran mural con un paisaje de playa. Está
pintado de manera naif, con vivos colores. Cada rincón parece un
set teatral.”
Así describe Arturo Infante la primera impresión que provoca
la casa de Violeta. Fue tarea del realizador, de conjunto con el resto
del equipo creativo, conciliar en lo posible las imágenes del guionista
con las posibilidades reales. Que en este caso fueron lugares fácilmente
localizables en La Habana de hoy, aunque la historia se remonte a fines
de la década del ’50.
Con todo y eso, el trabajo de ambientación, escenografía,
iluminación, no ha sido simple. Se busca dotar a un escenario de
personalidad, que ayude a caracterizar a los personajes, sus gustos, maneras
de ser, ideas, actitudes; además de representar la época.
Pero el trabajo de dirección de arte sería invisible si
la fotografía no se hiciera cómplice y lograra traducir
en imágenes las intenciones. Al fin y al cabo, en la sala de un
cine no vemos más que lo que capturó el lente de la cámara,
lo que quedó fuera del encuadre, no existe. Luis Najmías,
previo acuerdo con su director, es uno de los artífices principales
de la concepción estética imperante.
La mitad de la película transcurre en el interior de una casona
de los años treinta, de ahí que Najmías considerara
importante utilizar las tonalidades más oscuras de los colores
regentes: verde botella en el comedor, rosado viejo en el pasillo, azul
en un cuarto; siempre en busca de resaltar la piel de los actores.
La iluminación es un elemento esencial de la fotografía.
En el trabajo de mesa previo a la filmación se decidió que,
para lograr la atmósfera de encierro, existiera contraste entre
las escenas en exteriores y las de interiores. Adentro, los días
más blancos y las noches entre azul y amarillo naranja; afuera,
acudir siempre a los tonos más cálidos. Aunque esto varía
algo al triunfar la Revolución, a partir de entonces la casa se
verá más abierta y clara.
Un detalle interesante: como Violeta es fotógrafa, la luz en su
casa se encuentra en puntos específicos, con intensidades determinadas,
a voluntad, en vez de mostrar un espectro de luces variado y desordenado.
Por tanto, se colocan muchas lámparas de diversas formas, modelos
y estilos.
Ciertamente, La edad de la peseta será el resultado del trabajo
de muchos, del aporte de múltiples perspectivas, miradas, opiniones,
que el director integra y resume para trasmitir a la pantalla lo mejor
de cada uno. Sin embargo, cuando veamos la obra concluida, un elemento
a ensalzar será el trabajo de Najmías, acerca del cual Antonio
Camaraza, ingeniero de sonido del staff, comentaba: “A Luis le salen
unas cosas muy raras de las manos: gatos, niños, luces…”


PAVEL
GIROUD: UN CINÉFILO AL QUE LE HA DADO POR FILMAR
Por
Cecilia Crespo
Pavel
Giroud es, sin dudas, uno de nuestros más talentosos jóvenes
realizadores. Conocido por codirigir junto a Léster Hamlet y Esteban
Insausti la aclamada cinta Tres veces dos, y por la realización
de múltiples videos clips, en esta ocasión apostó
en solitario por su primer largometraje de ficción, que cada vez
se acerca más a las salas de estreno. Cámara en mano, diseñó
cada una de las secuencias de La edad de la peseta. Entre tensiones
y afectos, sentimientos encontrados y sensibilidades diferentes, se desarrolla
el filme que tuvo su génesis hace algunos años cuando el
escritor Arturo Infante asistió a uno de los talleres sobre cómo
contar una historia, que suele impartir Gabriel García Márquez
en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños.
Apoyado en un magnífico elenco, Pavel nos seduce en 35 milímetros
con este drama, en el que “dos vidas se encuentran en sus extremos,
para enlazarse en la cuarta dimensión”.
En
tu incursión por todos los géneros cinematográficos
¿dónde te has sentido más cómodo?
En los que he logrado sentirme absolutamente libre. Eso ha ocurrido en
casi todos mis trabajos de ficción, en algunos clips y
en pocos documentales. No he hecho un solo clip o documental
por voluntad propia, todos por encargo, pero ocurre que muchas veces te
dan vía libre y eso lo agradezco mucho, pues a pesar de satisfacer
otras necesidades, te das tus gustos como creador. En algunos de estos
encargos, me encuentro desmotivado sin remedio y hasta mi nombre he borrado
de los créditos. Varios de los que lo han conservado, aún
me avergüenzan.
¿Se
necesita algo especial a la hora de emprender un filme? ¿Qué
necesita Pavel Giroud? ¿Cuáles son sus reglas y secretos?
Se requiere la necesidad de decir, de expresar. Hay quien la desarrolla
musicalmente; otros, desde la escritura o el lenguaje plástico;
otros, simplemente parándose en una esquina y gritándolo
a viva voz. Por supuesto, el cine como idioma tiene sus reglas ortográficas,
que puedes quebrantar más o menos, mientras más dominios
tengas de ellas. En mi caso, necesito saberme la película
de memoria dramáticamente y, por ende, visualizarla en función
de ello. La dibujo plano a plano, aunque esto termine siendo una guía
para luego improvisar y divertirme; es como jazzear sobre una
armonía que dominas. Creo que el cine es demasiado rico para que
la cámara o el sonido sean simplemente elementos graficadores de
parlamentos y diálogos. Para eso está la vida misma. El
otro extremo es de los que ven que hacer arte con el cine es abigarrar
de acertijos formales una obra y hacerla menos legible. Yo estoy por la
manera más minimalista, que cada plano tenga valor real y no sea
mero adorno, pero, a la vez, que no sea tan elemental como graficar la
vida.
Confiesa que el cine es como esposa y amante a la vez, y aunque disfruta
mucho haciéndolo, verlo es lo que más lo satisface: “Soy
ante todo un cinéfilo, al que le ha dado por hacer películas.”
Algunos de los realizadores imprescindibles y paradigmáticos de
la historia del cine como Hitchcock, Murnau, Scorsese y Jean Pierre Melville,
lo han cautivado y su herencia es evidente, quizá no en el resultado
global de cada trabajo que ha hecho, pero sí en detalles. Al ser
el último un largometraje, esas referencias se reafirman: “Creo
que lo que marca eso que llaman estilo es la sintaxis de las
influencias, que puede provenir del mismo arte o de la vida cotidiana.”
¿Cómo
te sientes al haber concluido tu opera prima? Háblame de tus impresiones
¿Qué superó o no tus expectativas?
Me siento feliz y crecido. Con mis cortos de media hora pensaba que hacer
una película era hacer tres cortos de media hora, cosa fácil,
pero no es así. Esta película me ha servido para respetar
más a los cineastas. Pude corroborar lo obsoleto del sistema de
producción cinematográfico en Cuba, su falta de dinamismo
y objetividad. También tuve la oportunidad de trabajar con excelentes
profesionales a los que admiro.
¿Cómo
seleccionaste el elenco?
Mis parámetros de selección son los mismos de cualquier
director: escoger el adecuado. Con el niño (Iván Carreira)
me impuse una premisa: no quiero a un niño actor, necesito uno
con sensibilidad artística. Trabajar con él fue una maravilla,
demostró que la edad no influye cuando estás entregado totalmente.
Para el personaje de Violeta (Mercedes Sampietro), me venía
de perilla una intérprete española, pues siempre lo
vi como la típica “abuela gallega”. El personaje de
Alicia (Susana Tejera), lo idealicé con alguien de mayor edad que
el de la historia original, donde su conflicto esencial quedaba un poco
en la nebulosa; si utilizaba una mujer de unos 40 años con su belleza
apagándose y un niño a cuestas a finales de los años
50, ésta lo tenía todo más duro para conquistar al
tipo de hombre que creía merecer. Para el papel de Nuria, buscaba
una “belleza incuestionable” y la encontré en la modelo
Carla Paneca. Así ocurrió con cada uno de los roles y, al
final, todos pasaron muy bien por el filtro de su generador Arturo Infante,
quien al ver terminada la película los vio adecuados a la historia
que creó.
¿Cuánto
hay del título en el filme? ¿Por qué La edad
de la peseta?
Así se tituló desde que era simplemente un guión.
Recuerdo que la primera vez que lo leí, me pareció fabuloso
sin saber aún de qué trataba, aunque siempre supuse que
contaba algo de un niño entre 7 y 10 años, período
llamado en Cuba “la edad de la peseta”. Tuve que incluir en
el inicio de la película el significado del término, pues
sólo es conocido así en Cuba. El título fue teniendo
otros significados más subtextuales a medida que se trabajó
la película, pero eso lo dejo para que cada espectador lo aprecie
desde su prisma.
¿Le
incorporaste algo autobiográfico a la película? ¿Dónde
consideras que acaba la culpa de Arturo Infante y comienza la tuya?
Mi culpa comienza desde que me decidí a dirigirla. A partir de
ahí, comenzamos a trabajar muy juntos Arturo y yo. Léster
Hamlet me comentó algo que me invitó a la reflexión.
Al ser el editor de la película, se leyó el guión
antes del rodaje y cuando comenzó a ver el material filmado que
le llegaba comentó: “Cuando la leí vi a Arturo en
el personaje de Samuel y cuando la vi, Samuel eras tú.”
¿Qué
piensas que tiene un rol más definitivo en la película,
las situaciones, las historias, los diálogos, las actuaciones,
las locaciones?
Creo que por vez primera he logrado una armonía entre todos esos
elementos. No creo que cada uno brille de manera especial, y es como veo
el cine, como un reloj, donde cada pieza determina el movimiento de la
otra.
Al preguntarle sobre sus inquietudes y anhelos pendientes como creador
nos comentó acerca de sus dos grandes frustraciones: la música
y el béisbol. “Para ambas estoy viejo y en definitiva me
las perderé; curiosamente, en mi oficio soy considerado joven,
si hubiera sido deportista, con mi edad, sería todo un veterano.”
Pavel, de 34 años, tiene la sensación de que lo que hace
no es vitalicio. En su constante transitar por el arte, encontró
en el diseño y la pintura la posibilidad de expresarse, aunque
ambos tuvieron una vida efímera contribuyeron a solidificar su
formación como realizador. “No sé si me canse de hacer
películas como de aquello y me dedique a otra cosa.” Veamos
qué se le ocurre cuando el llamado “séptimo arte”
ya no transmita sus emociones como el primer día, aunque me atrevo
a afirmar que en esta ocasión se perpetuará, porque descubrió
en la de cineasta, su verdadera vocación.
¿Qué
nos propones después de La edad…?
Lo próximo es una película titulada Omertá,
muy diferente a ésta que acabo de concluir, un drama más
divertido, cargado de ironía donde voy al otro extremo. Si en La
edad… muestro el crecimiento de un niño, en ésta
aparezco con el envejecimiento de un adulto. Estoy muy entusiasmado por
este giro radical que me espera.


EXITOSO
DEBUT MUNDIAL DE LA EDAD DE LA PESETA
Por Joel del Río
Desde
sus primeras jornadas el Festival Internacional de Cine de Toronto, una
de las citas indispensables del calendario cinematográfico, se
propuso romper todas las marcas anteriores en cuanto a visitas ilustres,
películas en exhibición, actividades paralelas y acuerdos
de negocios. Un total de 352 títulos (261 largometrajes y 91 cortos)
de 61 países es la oferta del certamen canadiense para esta 31
edición. Del total de 352 títulos a exhibir, nada menos
que 107 son estrenos absolutos.
La premier mundial
del largometraje cubano La edad de la peseta, dirigido por el
joven Pavel Giroud (Todo por ella, primer cuento de Tres
veces dos) acaba de tener lugar, en la noche del 13 de septiembre,
en la edición número 31 del Festival Internacional de Cine
de Toronto, que se celebra en esta ciudad canadiense del 7 al 16 del mes
en curso. El filme fue programado en la sección del Festival denominada
Descubrimiento (Discovery), consagrada a los “Filmes provocadores
de directores nuevos y emergentes”. En la película no sólo
participa el joven director Pavel Giroud, sino los también muy
jóvenes Arturo Infante (guionista) y Luis Najmías (fotógrafo),
ambos egresados de la Escuela Internacional de Cine y Televisión
de San Antonio de los Baños.
Según me
relató el propio Pavel, en una entrevista reciente, La edad
de la peseta “comenzó como un encargo, por llamarlo
de algún modo. Había un guión seductor dando vueltas
y tanto el autor como el productor veían bien que yo me incorporara
a él como director. Para nadie es secreto que yo andaba loco por
rodar mi primer largo; pero esa locura no era tanta como para impedirme
ser cauteloso a la hora de escoger un proyecto ajeno. En una primera lectura
no me veía mucho dirigiendo esta película; aun cuando me
sentía muy atraído por la atmósfera que envolvía
la historia y los pasajes en que se veía insertado su protagonista.
Otra carnada que además de atrayente provocaba en mí el
peor de los temores, pues era un niño de 10 años. ¿Seré
capaz de dirigir a un niño en mi primer lance dentro del largometraje?
Al comienzo fue un encargo y ha terminado por ser el amor de mi vida como
creador”.
Según reporte
del crítico cubano Alberto Ramos, desde Toronto, la proyección
se efectuó a lleno completo, en una de las salas del Cineplex Odeon,
sede del Festival, y fue seguida con expectación por un público
atento que al finalizar la sesión dialogó con el joven director
—gratamente sorprendido y emocionado ante la reacción del
público—, en un intercambio donde no faltaron los comentarios
elogiosos acerca de la factura técnica y artística del filme,
aspectos que centraron la mayor parte del debate.
El filme es una
entrañable evocación del universo afectivo de un chico a
punto de entrar en la adolescencia, de la mirada rebelde y fantasiosa
con que descubre e interroga al mundo de sus mayores. Sobresale por su
minuciosa, exquisita recreación de los años 50 (encomiada
por la prestigiosa critica norteamericana Ruby R. Rich, quien la calificó
de “lujosamente nostálgica” en una reseña publicada
por el Diario oficial del Festival) y el airoso desempeño del reparto,
con la española Mercedes Sampietro a la cabeza. Además del
coprotagonismo de Mercedes Sampietro, el filme cuenta con las actuaciones
del también español José Ángel Egido (conocido
en televisión y en cine, sobre todo después de Los lunes
al sol), y los cubanos Susana Tejera, que hace el papel de Alicia, la
madre del niño protagonista, quien fue interpretado por Iván
Carreira, y la modelo Carla Paneca, quien recientemente ha comenzado en
Italia la carrera cinematográfica que ahora continúa en
su país.
Toronto también presenta los filmes con más posibilidades
de entrar en la carrera por el Oscar: A Good Year, con Russell
Crowe; Babel, del mexicano Alejandro González Iñárritu;
All the King's Men, con Sean Penn; Breaking and Entering, con
Juliette Binoche y Jude Law, entre muchas otras. En cuanto a las estrellas,
ha sido aclamada otra española por un Festival que, a diferencia
de otros muchos, no concede premios de actuación al final, pero
sí configura un mapa de lo que serán los nominados al premio
de la Academia. De este modo, se insiste en anunciar que Penélope
Cruz podría estar entre las favoritas de la Academia norteamericana
por su intervención en Volver, de Pedro Almodóvar. Junto
a ella se barajan los nombres de Cate Blanchett por Babel, y de las británicas
Kate Winslet por Little Children, Julie Christie por Away from Her,
y Helen Mirren por The Queen.
Además
de que en Toronto se configuren los primeros y certeros vaticinios para
el Oscar, el Festival también se ha dignado a insertarse en polémicos
temas de corte político. Coincidirán en las carteleras del
Festival 5 documentales que critican con fuerza las políticas de
la administración de George W. Bush: Dixie Chicks: Shut Up
and Sing, centrado en el popular grupo musical Dixie Chicks, quienes
han criticado con vigor al presidente; el falso documental Death of
a President, que se centra en el asesinato de Bush en el año
2007; When the Levees Broke: A Requiem in Four Acts, de Spike
Lee, fuerte denuncia sobre la negligencia frente al desastre que causó
el huracán Katrina y Sicko, film de Michael Moore sobre el sistema
de salud del país.
La edad de
la peseta es una de las 7 películas hispanas que tendrán
su estreno en Norteamérica, mediante el Festival de Toronto. Entre
otras se encuentran La perrera, del uruguayo Manuel Nieto; Fantasma,
del argentino Lisando Alonso, y la muy elogiada El laberinto del fauno,
del mexicano Guillermo del Toro.


|
|
|