Durante el primer lustro
continúa el declive productivo de los años noventa, originado
en precariedades materiales de todo tipo, y al mismo tiempo se registra
una especie de vacío, en el cual no dejó de incidir la
desaparición física de algunos de los mejores artistas
(Tomás Gutiérrez Alea, Santiago Álvarez), al tiempo
que Alfredo Guevara, uno de los principales fundadores y animadores
del proyecto ICAIC, cesa en sus funciones como presidente del mismo,
aunque se mantiene a la cabeza del Festival Internacional del Nuevo
Cine Latinoamericano. El Comité de Proyectos es uno de los mecanismos
creados para sostener la creatividad de los consagrados y asegurar el
relevo, en el cual tienen resonancia también las Muestras Nacionales
de Nuevos Realizadores.
Juan Carlos Tabío continúa en activo mediante
la exitosa coproducción con España (Lista de espera,
Aunque estés lejos), mientras Fernando Pérez
y Humberto Solás, también mediante coproducciones y con
muy exiguos presupuestos, le dan continuidad a sus poéticas personales
mediante Miel para Oshún y Suite Habana, respectivamente.
En medio de la escasez de recursos y las complejidades de todo tipo,
consiguen reanudar sus filmografías algunos cineastas largamente
inactivos y realizan sus primeros largos de ficción ciertos realizadores
con larga experiencia en el documental como Enrique Colina, Juan Carlos
Cremata y Rigoberto López.