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Un apasionado por la realidad
Encuentro cara a cara con el más universal de los documentalistas cubanos
Nelson González Breijo

Al otro lado del buró, esperando que me acomodara, estaba el documentalista Santiago Álvarez, director de unos 100 filmes y más de 1 500 ediciones del Noticiero ICAIC Latinoamericano. Quedé sorprendido cuando él mismo abrió la puerta de la oficina, en las tantas ocasiones que había imaginado aquella entrevista siempre hubo una secretaria para recibirme y anunciarle mi llegada. Sin embargo, reconozco que fue mucho mejor así, cuando me invitó a pasar y tomar asiento. Toda la tensión, propia de esos encuentros con grandes personalidades, desapareció.
Hablamos unos minutos sobre la vida en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, y luego de las películas que se exhibirán este año en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, ese tiempo me permitió descubrir en él un ser humano sencillo, en ocasiones ocurrente, pero siempre amante de la polémica, así que no esperé más para hacerle la primera pregunta.
Comenzó su carrera como documentalista a los 40 años, edad en la cual la mayoría de los cineastas tienen hechas sus mejores películas. ¿Cómo se vincula a la realización cinematográfica?
Yo no sabía nada de cine en 1959, por lo menos no había hecho nada de realización cinematográfica. Conocía, como puede saber cualquier espectador que le guste el cine. Fue importante, sí, mi participación en el grupo Nuestro Tiempo, el cual aglutinó a algunos compañeros entusiastas, entre ellos el presidente del ICAIC, Alfredo Guevara, Julio García Espinoza, Tomás Gutiérrez Alea y otros. Allí teníamos actividades de tipo cine-club que nos ayudaron a comprender el lenguaje cinematográfico y a organizar algunas ideas teóricas sobre lo que era el cine. Con el triunfo de la Revolución, y después de que Fidel firma su primer decreto cultural creando el Instituto Cubano de Cine, empecé a trabajar aquí a solicitud de Alfredo, que había sido designado presidente del organismo. En 1960 empezamos a realizar el noticiero ICAIC a la hechura de los noticieros convencionales de la época”.
¿Qué piensa ahora de aquellos primeros noticieros hechos con tanta inexperiencia?
(…) Creo que se cumplió con el objetivo de informar sobre lo que acontecía tanto nacional como internacionalmente, a pesar del desconocimiento total de lo que era el trabajo efectivo en el cine. Si se proyectaran hoy (…) tendría en imagen y sonido directo la historia de la Revolución. Si alguna validez tiene el trabajo realizado es la de crear un archivo gráfico de los momentos más difíciles y más felices del proceso revolucionario. Ahí están los personajes los rostros, y cada uno de ellos es un momento glorioso (…) Hay un sonido histórico donde los gritos y las consignas de la muchedumbre se revitalizan cada vez que se vuelven a ver esas películas. Y si solamente ellas sirvieran para que las nuevas generaciones aprendieran en el futuro lo que fueron estos años de Revolución, sería suficiente para sentirnos satisfechos con nuestro trabajo.
¿Qué aportó el Noticiero ICAIC Latinoamericano a la documentalística de Santiago Álvarez?
Yo me hice en el Noticiero. Eran 52 semanas al año manoseando películas, confrontando la realidad de mi país y la de otros pueblos; era el contacto directo, la vivencia de hechos, esa ha sido mi mejor escuela.
El Noticiero era un producto esencialmente informativo, pero no únicamente informativo. Siempre me preocupé por no independizar las noticias, sino ensamblarlas de manera que transcurrieran ante el espectador como un todo, con una sola línea discursiva.
Casi todos los documentales que he hecho tienen sus raíces en el Noticiero. Los genes fundamentales que me ayudaron a desarrollar las estructuras del documental nacieron allí. Now, por ejemplo, nació en el Noticiero y así muchos otros documentales.
Now es una denuncia a la discriminación racial en Estados Unidos. ¿Lo motivó alguna experiencia personal?
Claro. Durante mi estancia allí me golpeó profundamente la discriminación racial, la explotación del hombre americano, cómo vivían las minorías, cómo vivían los negros, los chicanos, los puertorriqueños (…), fue algo que nadie me contó, algo que yo pude constatar al sentir la crueldad de discriminar a ciudadanos por el solo hecho de tener negra la piel. Recuerdo que en aquella época los negros solo podían ir en los dos últimos asientos del ómnibus. Le voy a contar este caso. En un viaje que yo hice de Miami a New York en un autobús de Greyhound Lines, todo el mundo iba de pie y a mí se me presentó la oportunidad de tomar un asiento delantero. Y había una de esas negras gruesas, típicas de las películas, con un niño en brazos. Cuando le fui a dar el asiento se formó un tumulto, por poco el que sale mal parado soy yo. No obstante, tomé al negrito que ella llevaba, lo abracé y lo senté conmigo y dije que tenían que matarme para quitármelo de los brazos (…) y se me vino todo a la cabeza cuando estaba escuchando una canción titulada Now, cantada por Lena Horne (…), enseguida supe que allí estaba el documental.
Su lente también captó la realidad del sudeste asiático en los años sesenta. ¿Cómo llegó a Vietnam?
Recibimos una invitación y la aceptamos (...) En los primeros días de estar en Vietnam se produjeron los bombardeos alrededor de la ciudad. En el perímetro de Hanoi los días 2 y 4 de diciembre la escalada se hizo más intensa, los bombardeos más fieros. Los días 13 y 14 la ciudad de Hanoi recibió los impactos dentro de su propia cabecera. En el ataque participaron más de 200 aviones. Fue nuestro bautizo de fuego. Este último bombardeo a la capital vietnamita me dio pie para el documental que pensaba realizar y allí mismo, sobre el escenario de la guerra, brotó un nombre: Hanói, martes 13(…)
Durante ese viaje tuvo la oportunidad de entrevistarse con Ho Chi Min, personalidad que luego reflejó en su documental 79 Primaveras. ¿Cómo recuerda aquel encuentro con el líder de la revolución vietnamita?
Lo visitamos en una pequeña casita en los jardines del palacio presidencial. Cuando yo conocí a Ho Chi Minh la impresión que me dio fue estar al lado de un hombre con las cualidades visionarias de Martí y de Fidel. Era una personalidad apasionante, poseedor de una inenarrable modestia, de la mente ágil y lúcida de los pueblos asiáticos. Era el gigante ideológico de Asia. (…) Habría que preguntarse de dónde sacaba fuerza aquel pequeño hombre para luchar contra tantos enemigos poderosos (…) Cuando yo veía a los ojos de Ho Chi Minh me parecía estar mirando a los de Martí y cuando me habló y oí su palabra llena de calor humano me parecía estar oyendo a Fidel. Fue a partir de entonces que descubrí que Vietnam era una prolongación de mi propia patria.
Usted ha realizado varios documentales en torno a la figura del líder histórico de la Revolución cubana. Mi hermano Fidel, por ejemplo, exalta en pocos minutos las cualidades de este dirigente. ¿Influyó su estrecha relación con el comandante en la visión que se ofrece acerca de él en el documental?
Sí, creo que Fidel es alguien que ha hecho tanto por Cuba, por América Latina y por el mundo, que hay que admirarlo. Representa a todos los cubanos. Cuando hacemos una película sobre él, estamos haciendo una película sobre Cuba. Una vez le dije, esto es una anécdota, que si hubiera nacido mujer me habría enamorado.
¿Nunca temió que sus documentales fueran clasificados como cine panfletario?
El panfleto bien entendido y artísticamente presentado es necesario para la Revolución. Rechazo el otro panfleto, el de los panfletarios y los didácticos. Nuestro cine documental es la declaración de principios de un artista comprometido con la Revolución.
¿Utiliza algún método en particular para realizar su trabajo?
Yo no tengo fórmulas, ni creo en fórmulas para realizar algo. Simplemente soy un angustiado y un desesperado al pensar que las injusticias que hay en el mundo, sean demoradas o pospuestas en su solución por conformismos e inercias.
Todos mis trabajos están hechos con un sentido de contemporaneidad, de actualidad, de informar a mis conciudadanos de lo que está sucediendo o ha sucedido. Soy un periodista.
Pero es conocido el carácter militante de su obra. ¿No debe ser la objetividad característica esencial de un periodista?
Yo informo de acontecimientos a partir de las ideas que tengo de ese acontecimiento. No creo en la objetividad de nadie, por lo tanto no soy un periodista objetivo.
Yo no puedo hablar artificiosamente. Recreo la realidad. No soy una cámara, no fotografío simplemente un escenario. Pienso que uno debe meterse dentro de las cosas. Yo soy siempre muy subjetivo, muy parcial.
Hay que rescatar conceptos de posiciones ante la realidad y el arte que han salido mal parados por deformaciones burocráticas. El temor de caer en apologético, a ver el compromiso del creador, de su obra, como arma de combate en oposición al espíritu crítico consustancial a la naturaleza del artista, es solo un temor irreal y en ocasiones pernicioso.
¿De ahí su preferencia por el documental y no por el cine de ficción?
La ficción demora mucho. Si tuviera que hacer algo que durara dos o tres años, creo que me moriría. Como aventurero nato y neto que soy, sin prejuicios de concepciones sobre lo que esto pueda significar para algunos teóricos, la ficción que hay dentro de toda realidad me atrae más que la ficción que pueda haber dentro de la propia ficción. Descubrir lo desconocido y compartir ese descubrimiento; registrar lo conocido, enriquecerlo, combinarlo y transformarlo en una nueva realidad, me atrae apasionadamente.
Sin demeritar los valores indiscutibles de la creación imaginativa que tiene en sí mismo el cine de argumento o de ficción, hasta ahora me ha seducido más el trabajo creador del documentalista o del periodista, porque en ello va también la posibilidad de no solo ser testimoniante,sino también protagonista.
Eso fue lo último que le escuché decir. Quería que me hablase acerca del Premio Nacional de Periodismo José Martí que recibió por toda su obra, pero no me alcanzó el tiempo para hacerle la pregunta. Entonces apareció aquella señora que insistentemente llamaba mi atención. Cuando giré en el asiento, la luz de su linterna me cegó, estaba parada justamente detrás de mí como esperando a que reaccionara. Quedé perplejo, nunca antes la había visto. Pensé que Santiago podría aclarar aquella situación surgida en la mejor parte de la entrevista, pero fue entonces cuando descubrí que ya no estaba el cineasta, ni el buró, ni los libros que antes llenaban todos los espacios de una oficina que también había desaparecido. Solo se extendía ante mí la inmensidad de una sala de cine completamente vacía y la tenue iluminación de cuando acaban las películas.
(Santiago Álvarez falleció el 20 de mayo de 1998. Sus respuestas fueron tomadas de entrevistas que le fueronrealizadas al cineasta en el transcurso de su carrera. Es el caso de El ojo de la Revolución el cine urgente de Santiago Álvarez, de Amir Labaki; Hanoi, martes 13, de Nicolas Cossio; Panfleto vs panfleto, de Susana Lee;Cara a cara con Santiago Álvarez, de Eliseo Alberto; Santiago Álvarez, de Igor Molina;Los ojos de Martí y la palabra de Fidel, de Romualdo Santos. Además de los artículos: Álvarez cine y Revolución, publicado en Guardián, 1968;La realidad y el recuerdo de Santiago Álvarez; Esta es la historia que contome un día… y Arte y compromiso, estos tres últimos escritos por el propio cineasta). |