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Importantes músicos cubanos componen música para Gente de Pueblo.


Magalys en bicicleta
La Isla profunda
La película que siempre quise hacer
Entrevista con Humberto Solás
Barrio Cuba: Vuelta a la semilla de Humberto Solás
 

Importantes músicos cubanos entre los que se destacan Los Van Van, Polito Ibáñez, Carlos Varela, Habana Abierta, Denzenmer, Paulito FG, entre otros; compondrán o cederán los derechos de una canción para el filme de Cine Pobre: Gente de Pueblo.

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La Isla profunda

Por José Luis Estrada Betancourt
Tomado de Juventud Rebelde Digital
16 de diciembre de 2005

Se llaman Santos, Magalys, Ignacio, Vivian... los protagonistas de Barrio Cuba, pero pudieran llamarse Marcos, Odalys, Carlos, Dulce María, porque la más reciente propuesta cinematográfica del maestro Humberto Solás es el testimonio de la gente de este pueblo y de un país que, lleno de virtudes y contradicciones, se aferra a seguir construyendo un mañana mejor para todos.

No quiero y no debo hablar de lo estrictamente cinematográfico de Barrio Cuba, porque no podría tomar la necesaria distancia. Me zarandeó de tal modo, me conmovió a tal extremo, que podría asegurar que, después de la inmortal Lucía, es la entrega de Solás que más hondo me ha tocado. Prefiero hablar de emociones, de sentimientos y hasta de dolor. Las historias que narra el magnífico guión del autor de Un hombre de éxito, Amada y El siglo de las luces, son tan contundentes, tan creíbles, que dejan de ser ficción para convertirse en el fiel retrato de una sociedad con sus luces y sombras, marcada por una compleja situación económica, y que, sin embargo, no se rinde.

Mientras transcurrían las cerca de dos horas de metraje, me venían a la mente las certeras reflexiones de Fidel durante el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la Universidad de La Habana. Entonces, el Comandante en Jefe, al referirse a lo próximo que estamos de la sociedad justa tan soñada, admitía que “por encima del montón de defectos que tenemos todavía, de errores, de faltas, es la sociedad en la historia humana que está más cerca de poder calificarse como sociedad justa”.

Recordaba estas optimistas palabras y recordaba también a Rafael, ese amigo-hermano que un día decidió dejarlo todo y a todos, y volar hacia el Norte, y perderse. Y lloré por él y por Luly, su madre muerta en vida, que nunca más ha sabido si su hijo respira en una cárcel con el brazo lleno de pinchazos, deambula por las calles o si yace tres metros bajo tierra. Lloré también por mi hermana Odalys que prefirió seguir a su esposo, porque, aunque cada día la lejanía de esta tierra y de su gente la consume, la felicidad para ella, como para uno de los personajes de la película, es darle todo a su hijo, ayudar a su madre a mejorar su casa y comprarle ropas y zapatos a todo el familión.

No deja de ser desgarrador comprobar cómo hay personas a las cuales no les alcanza el vigor y se rinden; cómo a veces los dólares derrotan los valores humanos y éticos que durante tantos años la Revolución se ha empeñado en fomentar. Es triste ver asimismo al padre machista y ciego que traiciona sus propios sentimientos, y le cierra la puerta a su hijo, porque no le gustan las mujeres, y a los que se han pasado su existencia doblando el lomo, y se sienten tan solos y desamparados que no encuentran nada mejor a qué asirse que a una botella de ron. Pero están también los que viven hacinados, en una promiscuidad que asusta, en un cuartucho mugriento, que hace dudar si la historia tiene lugar en esta Cuba de hoy, y, sin embargo, no inclinan la cabeza, no pierden la dignidad; eso que para algunos no da de comer ni para vestir, pero que es vital para pegar sin pesadillas la cabeza en la almohada.

Todo eso es Barrio Cuba, una película que se aleja de la fastuosidad que distingue a la obra de Solás, y se inserta en el cine pobre, de bajos recursos, del cual es uno de sus defensores pero que es rico en símbolos, mensajes, que invita a la reflexión y al crecimiento del espíritu. Sí, Barrio Cuba es cruda, pero estremecedora; melodramática en extremo quizá —lo que para mí no es un defecto—, pero lúcida; dolorosa, pero optimista.

Con Barrio Cuba, muy bien fotografiada por Rafael Solís, me vuelvo a reconciliar con Jorge Perugorría, después de su inolvidable Diego de Fresa y Chocolate. Mas esta es una película donde Humberto Solás hace alarde en la dirección de actores. Si Mario Limonta diseñó un Ignacio de lujo; Isabel Santos, María Luisa Jiménez y Rafael Lahera demostraron ser esos histriones camaleónicos, capaces de emocionar y convencer hasta al más pinto. Adela Legrá estuvo tan eficiente como de costumbre. No obstante, esta es de esas cintas, cuyo parejo nivel de actuaciones, haría la lista interminable (espléndidos como siempre Enrique Molina, Manuel Porto y Coralita Veloz), pero no puedo dejar de alabar el desempeño de los pequeños y, en especial, de Rubén Araújo, el Albertico de La Sombrilla Amarilla, un niño sencillamente sorprendente.

Destaca también la precisa música de Esteban Pueblas, que junto a los temas de Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, la Fres-K y Eliades Ochoa, y Polito Ibáñez, por solo mencionar algunos, hacen de Barrio Cuba una película rotunda.

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La película que siempre quise hacer
Entrevista con Humberto Solás

Por Rafael Grillo
Fotos: Felipe Borrego
Tomado de la publicación on line La Jiribilla

Ignacio en la fábrica“Gente de pueblo ha sido para mí un acto de liberación. Es la más personal de mis películas... con la que logro finalmente hacer ese tipo de cine por el cual siempre me sentí inclinado. Más que eso: es la película que me gustaría ver en el cine si otro director la hiciera en mi lugar”. Entrevista con el cineasta
Humberto Solás.

 

 

Cuando me acerqué para pedirle que conversáramos sobre Gente de Pueblo, a un Humberto Solás pensativo, que fumaba —ese y el cine son sus vicios incambiables— , dándose balance en el portal de una vieja casa escogida como locación, cerca de Puentes Grandes, nunca creí que me acogería tan distendido. Sobre todo por su fama, al parecer injustificada, de hombre difícil; y porque sabía que en unos minutos él debía retomar la batuta de la variopinta orquesta de elementos que intervienen en una filmación cinematográfica.

“Aglutinar la acción de los equipos de luces, cámara, sonido, vestuario y maquillaje, actores, debe ser pan comido para quien lleva a su espalda una experiencia de más de treinta años como cineasta”, pensé en aquel instante para entender su actitud. También contaba que el rodaje estaba en sus postrimerías y atrás habían quedado ya, justo como el título de una película, las nueve semanas y media del duro trabajo de producción.
Pero el veterano director me aportaría de entrada la razón clave de su comportamiento:

Gente de pueblo ha sido para mí un acto de liberación. Es la más personal de mis películas... con la que logro finalmente hacer ese tipo de cine por el cual siempre me sentí inclinado. Más que eso: es la película que me gustaría ver en el cine si otro director la hiciera en mi lugar.”

De la misma persona que dirigió producciones de reconstrucción histórica, complejas y de altos presupuestos, tales como Lucía, Cecilia, Un hombre de éxito y El Siglo de las Luces; sorprende escucharle esta afirmación si se conoce que su nuevo filme aborda realidades de seres cotidianos en la Cuba contemporánea.

Santo“En los comienzos de mi carrera pretendía hacer películas sencillas, realistas, crónicas de la vida cotidiana. De ahí que la primera haya sido una cinta como Manuela —se explica Solás: Luego vino Lucía, que sí tenía un aire más épico. Intenté retomar mi proyecto, de cierto modo, con Días de noviembre, pero tuve dificultades después de esa película porque no fue bien comprendida. Confieso que aquello me traumatizó y me hizo desviarme hacia el cine de corte histórico como un modo de mantenerme activo como cineasta.

“Con la difícil coyuntura económica que atravesaba el país en los noventa, comprendí que para seguir trabajando debía acogerme al cine digital. Entonces filmé Miel para Oshún, que ya era un acercamiento, todavía tímido, a mis orígenes, y que me permitió, además, avizorar esa estética que ahora defiendo bajo el nombre de Cine Pobre.”

El año pasado Humberto Solás consiguió realizar el I Festival Internacional del Cine Pobre. En el Manifiesto que define ese nuevo movimiento aclara: “Cine pobre no es cine carente de ideas o de calidad artística, sino aquel que se hace con restringida economía, en países de bajo desarrollo. Implica aprovechar esa misma revolución tecnológica que impulsa la globalización y la brecha entre naciones ricas y pobres, pero en sentido inverso.”

Como antes con Miel…, en Gente de pueblo el cineasta se vale de la tecnología digital y ahora afina todavía más la economía de medios y recursos para ajustarse a los cánones que exalta. Lo evidencia el trabajo de cámara donde “no hemos usado casi las grúas, los rieles, esos andamiajes técnicos tradicionales”, me argumenta. “Hemos buscado una fotografía sencilla, sin mucho protagonismo, puesta solamente al servicio de la historia, para que la película se sostenga sobre la labor de los actores y las interioridades del guión”.

De paso me entero también que una buena parte de los actores, en uno de los elencos más sobresalientes del cine cubano de los últimos años (Isabel Santos, Jorge Perugorría, Mario Limonta, Luisa María Jiménez, Enrique Molina, Manuel Porto, entre otros), han aceptado trabajar en la película de forma desinteresada.

Y que se garantizó una excelente banda sonora, con composiciones de músicos y agrupaciones prestigiosas como Los Van Van, Habana Abierta, Carlos Varela, Polito Ibáñez, Pablito FG y el cantante flamenco Diego el Cigala porque estos cedieron gratuitamente los derechos de sus canciones para que aparezcan en la película.

Desde el punto de vista argumental, Gente… es un gran fresco sobre el “océano de gentes dispares que es la capital cubana”, para el cual Humberto seleccionó meticulosamente las locaciones con el fin de fotografiar ángulos inéditos de La Habana. Así, además del lugar donde nosotros dialogamos, desfilarán imágenes —digámosle exóticas— del área de Valle Oculto, en el municipio de Regla, de la Loma del Burro, en Lawton o el Espigón, de Guanabo.

En esta película coral, que involucra a muchos personajes de edades, razas y actitudes diferentes, Solás, como su principal guionista también, hace desfilar incomprensiones familiares, los dramas de la maternidad y la paternidad, la soledad, la muerte, el amor, la homosexualidad, y las emigraciones económicas hacia el extranjero o desde el interior del país hacia la capital.

“Tan solo quería hacer una película sincera, un testimonio de la época que vivimos. Donde lo más importante son los valores que resalta: la solidaridad, la reunificación familiar, la unidad nacional, en un momento en que estos valores están amenazados —anuncia Solás sobre sus propósitos.

“Mi gran reto con ella era hacer un cine tremendamente humanista, que revelara la idiosincrasia y la realidad del cubano; sin caer en la sensiblería, pero tampoco con miedo a enfocarme en lo emocional”, dice para que nos preparemos a enfrentar una película centrada en los más elementales asuntos humanos, pero con una fuerte carga dramática.

Adelantándose a las posibles comparaciones con el notable antecedente de Suite Habana, Solás reconoce: “Esa es una de las más grandes realizaciones del cine cubano... y me hubiera gustado hacer la mía primero”. Mas aclara que “el guión de Gente… había sido presentado para su aprobación en el Comité del ICAIC desde hacía cuatro años, antes aún de que naciera el proyecto de la película de Fernando Pérez”.

Aunque todavía falta toda la labor de postproducción antes que su película quede lista para ser apreciada por los espectadores, el director está contento con los resultados de la fase de rodaje y recalca sobre la satisfacción que le produjo hacerla:

Gente… es un homenaje a mis influencias primeras, a Sica y el neorrealismo, al Visconti de Rocco y sus hermanos, el Fellini de Amarcord o Pather Panchali del indio Savyajit Ray. Es una especie de vuelta a la semilla, de búsqueda personal del tiempo perdido.

“No ando buscando la aprobación de la crítica o de las instituciones, sino apenas ganarme la complicidad del espectador que vea reflejada en ella su situación existencial. Por eso no creo hacerla por narcisismo, sino por la comprensión de cuál debe ser mi rol como cineasta, para conmigo y para los demás.”

Hasta aquí llegó la entrevista al cineasta consagrado, de trayectoria polémica, a quien el cine cubano debe de cualquier manera algunas de las realizaciones más premiadas y aclamadas de su historia.

La actriz Adela Legrá, presencia fetiche en la filmografía del director desde Manuela, nos pasa por el lado con un bebé al hombro. También Rafael Lahera, un actor eficiente que él descubre para el cine, se adentra en la casa donde terminó de acondicionarse el set. Va con el rostro desencajado, en muestra de que ya está absorbido por la tragedia de Santos, su personaje. Pronto sonará la claqueta indicando escena y toma, y tocará a Humberto Solás dar la voz de ¡Acción!

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Barrio Cuba: vuelta a la semilla de Humberto Solás

Por Jorge Smith

La Habana, 11 dic (PL) Barrio Cuba (2005) es el filme que marca la total madurez de Humberto Solás como director, también el mejor de su carrera.

Lucía (1970), cinta antológica del realizador cubano, parecía ser la suprema hasta hoy, pero plétorica de deudas con los clásicos que labraron el camino del autor de Manuela, ante la fuerza de Barrio... queda como feliz antecedente.

Parece que en la actual etapa creativa del relevante director (La Habana, 1940), todo giraba ante la última historia de celos entre un conductor de camión y una exuberante campesina, y Miel para Ochún (2001), como continuación de ese "tramo" de Lucía, llegó para corroborarlo.

Existen antecedentes. A inicios de los 70, el periódico The New York Times alabó Lucía, sobre todo por el final y a Solás lo compararon con los grandes del género.

El joven director no reparó en los elogios y en su filmografía posterior se dedicó a seguir siendo el Mefistófeles de su ídolo Luchino Visconti en filmes desiguales y de alto contenido dramático como Un día de noviembre, Cecilia, Amada, Un hombre de éxito y El siglo de las luces.

A finales de los 90, sin embargo, dio un giro "salvaje" a sus antiguas concepciones de "hacer un cine de gran factura y desde el punto de vista formal impecable" y optó por la técnica digital y el bajo presupuesto que él mismo ha bautizado como cine pobre.

Por esa vía llegó Miel para Ochún, que también significó su primera incursión en el tema mundial de la emigración.

Cinco años después hizo Gente...de la cual le habló muy entusiasta a este cronista en ocasión del Primer festival de Cine Pobre que él dirige en la ciudad de Gibara, en el Oriente de Cuba.

En Gente están todos los fantasmas que cuidan el sueño de Solás, desde De Sica y el neorrealismo italiano, al Visconti de Rocco y sus hermanos, el Fellini de Amarcord o el Pather Panchali del hindú Savyajit Ray.

Pero, cuidado, en esta la última, por primera vez aparece el Solás guionista, apropiado de una historia y un lenguaje cinematográfico en el que demostró algo más que maestría.

Si Lucía se dividió en tres cuentos, Barrio Cuba se subdivide en múltiples personajes, que tienen como escenario la otra Habana que no aparece en los catálogos turísticos.

La pobreza provocada por el bloqueo estadounidense de más de 40 años al país, la desgracia en forma de muerte física, la emigración, la delincuencia, la infertilidad femenina e incluso el erotismo son algunos de los grandes temas de este filme hermoso y trascendental.

Muy por el contrario de películas como Guantanamera o Amor vertical, en las cuales el cubano se mofa de sí mismo, Barrio Cuba significa un acercamiento respetuoso y sin estridencias al período de recrudecimiento del bloqueo estadounidense a la isla, después de la caída del bloque socialista.

La tendencia natural de los seres humanos a sobrevivir a toda costa, las alegrías, miserias e insatisfacciones son resueltas con suma diafanidad y convicción por Humberto Solás, en lo que resulta el filme más sincero de toda su carrera.

Aplauso para la actuación (jamás se vió tal elenco de estrellas cubanas en una película), especialmente para Luisa María Jiménez, conmovedora y convincente en su enfermera; para Manuel Porto, Enrique Molina y la veterana Adela Legrá, actriz fetiche de Solás.

Palmas para Isabel Santos, Jorge Perugorría, Mario Limonta, la fotografía de una Habana ignorada de Rafael Solís y la banda sonora a cargo de la orquesta Los Van Van, el cantaor Diego El Cigala, el trovador Carlos Varela, los rockeros-pop de Habana Abierta, el salsero Paulo FG y el cantautor Polito Ibañez.

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Prensa Latina - 12 de diciembre de 2005

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